10/06/2023

Pescar una idea

 

 Un día cualquiera te querés poner a escribir, así que prendés la compu, te preparás el mate (tomás el primero y cebás el segundo) y mientras sentís el sutil ruidito de la espumita y el vapor se te cruza por delante del monitor, ponés los deditos en el teclado y, como por arte de magia, se te pone la mente en blanco y no sabés sobre qué vas a escribir. ¿Cómo puede ser? ¡Si hasta hace instantes tenías una idea buenísima dándote vueltas y esperabas el momento oportuno para volcarlo en la hoja de texto, y ahora te encontrás con la cabeza completamente vacía…!

 Antes de entrar en desesperación, hacés una pausa y le das un sorbo a ese mate recién cebado que te invita a tomarlo con ese vaporcito y la espumita crepitante. El agua caliente arrastra por tu boca los sabores de la yerba y el sutil gustito de la cucharadita de café que le agregaste. Está fuerte como cachetada de Transformer, pero así te gusta (no que te cachetee un Transformer, entiéndase que hablo del mate): con un sabor intenso y fuerte, capaz de persistir aún por encima del gusto a cebolla que te quedó de la tarta recalentada que comiste. Te gusta ese mate señorial, cuya sola presencia en la mesa te dice “este soy yo, acá estoy” que no se golpea el pecho porque no tiene manos, pero vos sí te golpeás el pecho (simbólicamente, claro) por el mate que te cebaste. Aunque, sabés de antemano que dentro de un rato, cuando ya te metas en la sinuosidad de la escritura, lo vas a dejar un poco de lado y se te empezará a lavar, y su sabor será cada vez más suave y lo encontrarás más parecido al agua vieja del florero que al señor mate con que estás actualmente.

 El aroma del café mezclado con la yerba te acarician la nariz, el cerebro y la imaginación; remueven un poco tus pensamientos y recuerdos, pero no das con la idea que querías escribir hace unos minutos. De todas maneras, fluyen como agua de río y se asoman nuevas y buenas, como un cardumen de salmones que nada a contracorriente y salta fuera del agua; entonces, una de ellas queda, por decirlo así, atrapada en tu red y comienza a moverse en tu cabeza como queriendo volver al cardumen, y con cada movimiento va revolviendo tus neuronas, haciendo que aparezcan otras ideas más pequeñas de las que se alimenta y se hace más fuerte. Pero al ir creciendo te va guiando hacia un tema sobre el que escribir y se da una especie de retroalimentación, porque mientras la idea crece vos escribís y, a medida que escribís, la idea crece.

 Finalmente, casi sin darte cuenta cómo ni porqué, llegás al punto final, al cierre de un texto que nació del caudaloso río de ideas que surca tu mente y por la “pesca” al azar de una de ellas. Entonces podés soltar esa idea gordita y linda, para que regrese con las demás y vuelva a vos cuando quiera. Ese texto tiene la magia de ser una total improvisación creada únicamente de la información acumulada en el sedimento vivo de tu memoria…. Igual que este.

 A propósito… Para esta altura se cumplió lo que te dije líneas más arriba: mi señor mate está tan lavado que se parece al agua vieja de un florero.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Interactuemos. ¡Dejame tu comentario!

Se estuvo tan cerca...

   Se terminó otra ilusión; otra Copa Libertadores que se niega a dar una vuelta olímpica en el Cilindro de Avellaneda. En el pueblo racingu...