Estas dos últimas semanas han sido para mí un resumen de esto que acabo de escribir, porque en estos días transcurridos desde el martes 17 hasta el martes 24 de septiembre, han sido golpes emocionalmente fuertes: la mamá de un amigo de la infancia, quien también era amiga de mi mamá; un ex compañero de la facultad, con quien mantuvimos una amistad durante varios años; un hombre mayor con quien debía comenzar un acompañamiento y apenas habíamos tenido tres entrevistas; y un hombre a quien acompañaba desde hacía más de 5 años; también, en estos días me enteré del fallecimiento de un hombre a quien había entrevistado una sola vez, que era el papá de una mujer que acompañé mucho tiempo. Desde 2020, cuando la pandemia nos azotaba con muertes todos los días (que, cada tanto, era alguien cercano), que no tenía esta sensación de pérdida.
¿Los seres humanos somos extraños o es parte de nuestra naturaleza, esto de sentir la muerte cuando sucede? ¿Somos conscientes de nuestro paso por la vida y de los vínculos, o nos damos cuenta cuando hay poco tiempo o, peor aún, cuando ya es tarde? Nos alejamos de los vínculos, nos ensordecemos y cegamos ante la rutina y dejamos de prestar atención a las personas que queremos, las mantenemos presentes en el recuerdo pero no hay llamados o mensajes; quizás, mantenemos un contacto periódico, pero no profundizamos en temas sensibles o de cercanía. ¿Será el comportamiento de la manada (*) el que nos condiciona, nos lleva a avanzar en el día a día; el que ocasionalmente nos permite retornar para ver cómo están los demás seres que conocemos y luego nos obliga a seguir adelante en nuestra vida? Porque, cuando uno de esos seres se va, se pierde o se muere, es cuando recordamos que es (o era) importante para nosotros. ¿Entonces, por qué o para qué dejamos pasar el tiempo? ¿Por qué o para qué dejamos para después una visita o un mensaje? Sí, la rutina de la manada nos obliga a seguir avanzando y no nos queda tiempo en el día para hacer las visitas pendientes; pero no es excusa para dejar atrás a personas significativas o para dedicar unos minutos más de la visita periódica y conversar un poco sobre la vida u otra cosa que nos permita reencontrarnos con la humanidad que nos caracteriza y dejar de ser, al menos por un momento, parte de esa manada que avanza sin detenerse.
Lamentablemente, fue necesario que murieran cinco personas cercanas o conocidas, para inspirarme esta reflexión. Lamentablemente, también, no es la primera vez que lo pienso. Lamentablemente, me dejo arrear por la manada, más allá que el dolor pasa con el tiempo, las energías y la pulsión de vida vuelven a su cauce cotidiano y me vuelvo a olvidar de lo importante, que es lo que mencionaba líneas arriba: si no podemos visitar personalmente, podemos tomarnos unos minutos para hacer una llamada o enviar un mensaje. La vida no debe ser únicamente transitar los días junto a la manada, sino que es también prestarnos atención individualmente, encontrarnos con nuestra humanidad más esencial y permitirnos estar cerca de quienes queremos. Porque, cuando se alejan de la manada, se pierden o se mueren, ya es tarde para todo y el dolor se hace mucho más grande y pesado.
Yo creo que todo termina cuando debe terminar y que nadie se muere en la víspera, o sea, nadie se muere antes de tiempo y dejando algo pendiente en su esencia (que no es lo mismo que en la vida en general). Pero si a eso le sumamos el encuentro cercano durante el tiempo de vida, mientras ambos respiramos, cuando llegue el momento de la despedida definitiva no quedarán asuntos pendientes que lamentar; sólo la pérdida física. Esto, aunque parezca uno de esos "consejos útiles para vivir mejor", puede ayudar a la elaboración del duelo y mitigar un poco el dolor. Porque ese dolor de la pérdida, cuando no hay un contacto y sólo se remite a los recuerdos, se acentúa con la culpa de no habernos hecho tiempo para compartir un mate, una charla o un simple saludo por mensaje; en definitiva, un mínimo contacto para hacerle saber al otro que estamos ahí, que esa persona aún sigue siendo importante y que le dedicamos una porción de nuestro tiempo, de nuestra vida.
Después nos vemos, después paso, después, después, después... Después, puede ser muy tarde.
(*) Este "comportamiento de manada" que menciono no tiene que ver con la definición psicológica, sino que es una metáfora para explicar una idea.