3 de
diciembre de 2011
A
las 20.30 en punto atravesé la puerta principal de
Me
acerqué a una mesa colmada de libros y compré un ejemplar. En ese momento, el
autor pasó frente a mí con una bolsa llena de regalos, me saludó atentamente y
le devolví el gesto de la misma manera. Con cierta timidez, me acerqué a él y
le entregué el presente: dos libros que contenían dos de mis cuentos.
Conversamos un poco sobre el mercado literario, de las dificultades que afronta
un autor y de la buena calidad de esos libros; aprendí que las publicaciones
para antologías por concurso no suelen tener mucho cuidado en los detalles de
presentación. Siempre algo se aprende. Me despedí y lo dejé seguir hablando con
la gente, ya que un hombre muy mayor, que había conocido a su padre, se acercó
a saludarlo.
Esperé unos minutos, mientras hablaba con otro
conocido, con quien intentamos dilucidar de dónde nos conocíamos, ya que su
rostro y su nombre los recordaba, pero no el contexto de dónde lo conocía. Luego,
él se retiró y yo volví al autor a pedirle que me firmara el ejemplar que había
adquirido. Ante Reynaldo, había una cola similar a la que forma la gente cuando
va a pagar sus cuentas, pero mucho más entusiasta. Entre tantas voces, oí una
que me resultó familiar: me di vuelta para ver quién era y, ante mí, estaba mi
profesor de portugués. Nos saludamos y, en un breve cruce de palabras, me
comentó que también está su hija menor, María. Finalmente llegó mi turno.
Sietecase volvió a preguntar mi nombre, ya que mi apellido lo recordaba de la
charla que habíamos tenidos minutos antes; posó su mano sujetando el libro y
dejó fluir la tinta sobre la primera página. Una vez cumplido mi objetivo, fui
a saludar a María; intercambiamos un par de palabras hasta que nos invitaron a
tomar asiento para escuchar al autor.
Igual que un curso en primer día de escuela,
nos fuimos acomodando, buscando el mejor lugar para ver y escuchar. Primero me
senté atrás, pero luego, vi un asiento libre en la tercera fila y lo ocupé. El
primero en hablar fue Abel Pistrito, periodista local, refiriéndose al trabajo
expuesto en las páginas del libro, el viaje a Sicilia y al pasado, más los textos de su historia como
periodista. Luego, llegó el turno de Reynaldo, de contarnos su historia, su
trabajo.
Con respetuoso silencio, escuchamos al periodista que diariamente nos acompañaba con su voz a través de la radio en su programa “Mañana es Tarde”, por Radio Del Plata. Disfrutamos de su recorrido, de su oratoria y del orgullo de compartir ese breve instante de vida con él en nuestra ciudad.