Opinión publicada el 23 de octubre de 2023 en otro blog. La frase del titulo no me
pertenece, como tampoco me pertenece la responsabilidad colectiva que da como
resultado un proceso electoral; sí es mi competencia la responsabilidad de
decidir concienzudamente a la hora de poner mi voto en la urna y hacer mi
aporte en búsqueda de un cambio de paradigma o, por el contrario, de seguir con
un mismo gobierno.
Lo que ha sucedido en
Argentina en este 2023 ha sido (y es) un reflejo de lo que somos como sociedad:
una masa heterogénea y desordenada que se desplaza hacia donde la corriente la
lleve, arrastrando a su paso las voluntades minoritarias. Las elecciones PASO
(Primarias Abiertas Simultaneas Obligatorias) definieron a los candidatos
presidenciales que elegimos en los comicios del pasado domingo 22 de octubre;
sin embargo, éstas últimas nos han dejado a millones de argentinos la sensación
de que un posible cambio de paradigmas y finalizar con más de dos décadas de
corrupción y saqueo desmedido puede ser un anhelo menos alcanzable: el
candidato oficialista, Sergio Massa, lejos del magro resultado de las PASO, se
impuso con más del 36% de los votos dejando a su principal adversario, Javier
Milei, en segundo lugar con un 31%. Esto abre la puerta a una elección
definitiva para el próximo 19 de noviembre (balotaje) entre Milei y Massa.
Queda en evidencia la
falta de memoria colectiva, el desinterés por un futuro sólido y más seguro, y
el miedo a los cambios (a lo nuevo); el conjunto social olvida los eventos de
inseguridad, el saqueo a las arcas del Estado, el apoyo a gobiernos
dictatoriales como el de Venezuela y las declaraciones públicas e impúdicas de
partidarios oficialistas con mensajes claramente golpistas; se olvida el afán
del gobierno por seguir dividiendo para reinar, la inequidad en la repartición
del dinero de TODOS y el obsceno reparto de dinero a través de planes sociales (que
bien podrían calificarse como coimas) que aumentan desmedidamente el gasto
público... Podría seguir enumerando los olvidos colectivos a la hora de
depositar un voto, pero sería irme por las ramas, lejos del eje de esta opinión.
Creo que si el gobernante electo es corrupto, es porque gran parte del
electorado también lo es; no creo que haya personas honestas y coherentes que
voten al representante de un gobierno que exprime al máximo las arcas del
Estado y que no le importa dejar al país en llamas antes de las elecciones,
autoproclamándose la única opción para salir del problema (que ellos mismos han
generado) que terminan achacando a la oposición, a la guerra de Ucrania, a la
invasión de Hamas a Israel, al Covid, o a cualquier evento o persona "de
afuera" u opositora (recuerden que en 2008-2009, el principal enemigo era el
campo, el Grupo Clarín y la "oligarquía" argentina).
Otra
vez, como sucede cada cuatro años, los argentinos nos encontramos en un momento
de transición y es una obligación moral y ética hacer un uso racional del acto
de votar. Entonces, a la hora de poner la boleta dentro del sobre, debemos
tener en cuenta lo que escribí antes y, básicamente, estos últimos 20 años en
los que han saqueado insaciablemente a nuestro país y, en consecuencia, a
nosotros: a vos, a mí, a tu padre, a tu madre, a tus amigos, a tus hijos, a tus
nietos, a cada ciudadano nos han saqueado los bolsillos, nos han cercenado la
posibilidad de crecimiento y, si aún tenemos fuerzas y voluntad para invertir y
crecer, nos limitan con una enorme carga impositiva que se lleva la mayor parte
de nuestro dinero.
El
futuro de todos está en manos de los que tenemos la posibilidad de elegir, entonces
pensemos concienzudamente, leamos, estudiemos un poco los eventos acontecidos
en estos 20 años y tomemos una decisión en base a lo que nos generen esas
situaciones que vivimos como sociedad. Enumero algunas, como ejemplo:
- Desaparición
forzada de Jorge Julio López el 28 de julio de 2006; era testigo clave en
el caso Etchecolaz.
- El
conflicto con el campo en 2008 por la resolución 125 y el voto "no
positivo” del entonces vicepresidente Julio Cobos, que dejó expuesta la
voracidad económica del gobierno y la decisión pública de saquear al campo
a través de una retención del 40% del bruto producido por las
exportaciones.
- El
homicidio del fiscal Alberto Nisman, el 18 de enero de 2015, un día antes
de su presentación contra la entonces presidente Cristina Fernández por el
pacto con Irán y su vinculación con el atentado a la AMIA.
- El
triple crimen de General Rodríguez ocurrido en agosto de 2008, por el que
se "destapó" el comercio ilegal de la efedrina, en el que se vio
involucrado el entonces Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
- Santiago
Maldonado, un activista que se ahogó en el río Chubut, por el que acusaron
a Gendarmería de desaparición forzada. Su figura se usó impúdicamente como
estandarte de lucha y reivindicación de los Derechos Humanos, descontextualizando
los motivos por los cuales se produjo su muerte. Esto ocurrió entre agosto
y octubre de 2018.
- "La
ruta del dinero K", causa “Los Sauces”, por la que están implicados,
además de la familia Kirchner, el empresario Lázaro Báez y otros ex
funcionarios kirchneristas.
- Los
subsidios otorgados por el gobierno a la Tupac Amaru, fundación de
Milagros Sala en Jujuy.
- El
apoderamiento de instituciones sensibles a la población como Abuelas y
Madres de Plaza de Mayo, que han sido usadas como emblemas propios del
kirchnerismo cuando, en realidad, su reclamo pertenece a todo el pueblo
argentino.
La lista es mucho más larga,
pero si buscás, te vas a dar cuenta que esto es apenas una muestra de la
cantidad de casos corruptos en los que se involucra el gobierno kirchnerista.
Te saquean en la cara, te dan un peso y te
roban diez. ¿Vas a seguir avalando este desastre? ¿Vas a permitir que tus
hijos se críen en un país lleno de "derechos" sin obligaciones?
¿Creés que es ético vivir de arriba y que otros trabajen para mantenerte?
¿Creés que es digno vivir pobre y mantenido por el Estado (que somos todos), en
lugar de crecer y superarte trabajando honradamente? ¿Creés que es justo y
digno trabajar 10, 12 o más horas diarias para que el Estado se quede con el
70% de tu salario? ¿Creés que es justo y digno sentir intranquilidad cuando
salís de tu casa, porque no hay seguridad y te pueden afanar o matar en
cualquier lugar? ¿Te querés quedar con la sensación incómoda de la zona de
confort o preferís arriesgarte y votar un cambio?
Lo distinto y lo
desconocido dan miedo, pero es mejor aventurarse a conocer otra manera de
gobernar que seguir con el "malo conocido" al que sólo le importa que
tu voto lo mantenga en el lugar de privilegio en que se encuentra, porque si
vuelven a ser civiles como vos y yo, en el mejor de los casos, la Justicia le
podrá caer con su peso y procesarlos como a cualquier delincuente común. O sea,
quieren que elijas a Massa para mantener sus fueros y seguir delinquiendo en
libertad. Pero la verdadera libertad es la que tenemos nosotros con el voto;
elegir al distinto puede ser la posibilidad de salir de este flagelo que nos
asfixia desde hace años.
Puede que Javier Milei no
sea el estereotipo de candidato al que estamos acostumbrados, pero es la única
opción viable que nos queda. Dan miedo algunas de sus propuestas, pero son
preferibles a la falta de propuestas por parte de Sergio Massa, que es otra
marioneta (como el actual presidente). Podemos elegir un mandatario fuerte y
decidido a llevar adelante su proyecto, o a un muñeco que actúa de acuerdo a lo
que la titiritera le ordena.
Y si elegimos a Milei será
un camino difícil y una cuesta arriba, pero será una búsqueda de la puerta de
salida a esta situación empobrecedora a la que somos sometidos desde hace
tantos años. En 2015 elegimos un cambio que no funcionó y retomamos la fórmula
nefasta ya conocida; pongamos lo que tenemos que poner y busquemos otro cambio.
Sólo así se consigue progresar: manteniendo el objetivo siempre a la vista y
buscar la fórmula necesaria para lograrlo, aunque nos cueste años de esfuerzo;
lo que nunca debemos hacer es regresar a las viejas fórmulas que no sirven y
nos perjudican.
El país está otra vez en llamas y es una “causalidad”
que estemos en un conflicto tan difícil justo al final de un gobierno extenso:
en 2001 vivimos una situación terrible con saqueos, piquetes (cortes de calles
por parte de numerosos grupos de personas), el corralito (que encerró los
ahorros de millones de argentinos en los bancos, limitando la posibilidad de
extraer dinero a sólo $250 por semana /en ese tiempo, eran US$250) y una
escalada de violencia que terminó con el gobierno de Fernando De La Rúa, que
fue el presidente desde 1999. Acá abro un paréntesis: Fernando De La Rúa fue
el candidato de La Alianza, un frente formado por el Unión Cívica Radical y el FREPASO
(Frente para un País Solidario), para retomar el poder tras una década de gobierno
peronista llevado adelante por Carlos Menem. Cierro paréntesis. Este gobierno,
débil institucionalmente, tomó las riendas de un país en crisis que decantó en
el cierre de comercios y fábricas, la consecuente pérdida masiva de empleo, y la
decadencia institucional en todos los niveles: hubo falta de insumos
hospitalarios, falta de materias primas para producción, y un amplísimo
etcétera. Y para hacer cartón lleno, tuvimos cinco presidentes en una semana: Fernando
De La Rúa (que se fue en helicóptero desde la Casa Rosada), Ramón Puerta,
Adolfo Rodríguez Sáa, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, que siguió gobernando
hasta 2003, cuando convocó a elecciones. De estos comicios, el ganador fue
Néstor Kirchner, que tuvo una disputa muy férrea con Carlos Menem (que se bajó
a último momento, porque si no, iba a haber balotaje y era muy probable que se
quedara con la presidencia).
Ahí comenzaron estos casi 20 años de
kirchnerismo; ahí comenzó a gestarse la metástasis de esta enfermedad argentina
que lleva décadas evolucionando. La utilización de planes sociales, que en un
principio fueron propuestos por Elisa Carrió como un paliativo para ayudar a la
población de menos recursos y que era temporal, se convirtió en un arma
política que aumentó el gasto público (dinero de impuestos) y elevó
estrepitosamente la cantidad de personas mantenidas por el Estado, lo que
motivó a que, al menos, dos generaciones se críen sin necesidad de trabajar, provocando el deterioro de la cultura del trabajo. Otra de las armas políticas fue el uso de
organizaciones sociales con punteros que recibían (y reciben) grandes
cantidades de dinero, movilizando a sus grupos de acuerdo a los intereses del partido
político que gobierna.
En 2008, como decía hace instantes, el
conflicto con el campo volvió a destapar la olla y encendió la caldera social: otra
vez desabastecimiento de combustible, de insumos hospitalarios y para
producción que afectaron negativamente el funcionamiento económico del país.
Esta vez, los punteros estaban por todos lados, pero no fueron ellos, sino los
agremiados del Sindicato de Camioneros los que más ruido hicieron, que cortaban
los principales accesos a las ciudades. En Venado Tuerto, mi ciudad, cortaban
el cruce de las rutas nacionales 8 y 33, dos puntos importantísimos del
transporte hacia los puertos de Buenos Aires y Rosario, y de éstos hacia
el interior del país.
Hoy, a 20 años de aquellos comienzos, los
punteros siguen siendo utilizados y creciendo; el problema es que el alimento
de esas masas es el dinero público, son nuestros impuestos. Y hoy, el
desabastecimiento se está dando otra vez; otra vez estamos a las puertas de una
situación de crisis que genera incertidumbre y temor a una nueva escalada de
violencia como en los dos episodios que mencioné recién. Y si ya estamos
viviendo tiempos violentos con la inseguridad y el problema del narcotráfico (especialmente
en Rosario y Santa Fe), imaginate la que se viene…
Estamos también a las puertas de una elección
decisiva para el futuro del país o, por lo menos, de los próximos 4 años.
Tenemos la obligación de instruirnos y leer la historia contemporánea y la
historia pasada de nuestro país, para decidir con conocimiento de nosotros
mismos, del pueblo que somos; son más de 200 años de historia, pero si te da fiaca
leer tanto, podés partir desde la conformación nacional (1.862, con el gobierno
de Bartolomé Mitre), son apenas un poco más de 100 años de historia. Tengamos
en cuenta cómo se han suscitado los hechos antes, durante y después de cada
gobierno; veamos qué decisiones acertadas y qué errores cometieron los
gobernantes, especialmente los que, a partir de 1.930, fueron sucedidos por
Golpes de Estado y quiénes estuvieron detrás de éstos, para tener un pantallazo
de cómo piensan y conducen los representantes de los diferentes partidos. Obvio
que hay cambios de paradigmas, porque el pensamiento de antes no es el mismo
que el de hoy en día; pero la codicia y la corrupción existieron siempre, y lo
que vemos hoy es una evolución de los mecanismos de corrupción y sometimiento
de las masas, sin precedentes. Quienes vivimos en los ’90 pensábamos que no iba
a haber mayor corrupción que la del gobierno de Menem, pero los Kirchner nos
taparon la boca.
La permanente búsqueda de enemigos (externos e
internos), así como adjudicarse la “noble obligación de proteger al Pueblo,
guiarlo y llevarlo a un futuro promisorio”, han sido estrategias políticas de
gobiernos democráticos y de facto casi por igual, especialmente de gobiernos de
tinte populista como lo han sido los sucesivos mandatos kirchneristas.
Ya dije esto, pero vale repetirlo: nos
robaron, nos están robando y nos quieren seguir robando. Pero no hacen esto
para llevar a cabo una obra de gobierno, hacen esto para seguir protegidos por
los fueros y para evitar ser juzgados como delincuentes comunes, especialmente
el mascarón de proa de este barco pirata, que es Cristina Fernández.
El 30 de octubre se cumplieron 40 años del
regreso de la Democracia, 40 años de poder elegir ininterrumpidamente a los mandatarios
de todos los estratos del Estado: intendentes, concejales, senadores,
diputados, ministros y presidentes.
Nos hemos equivocado en nuestras elecciones,
sí; a veces muy feo y otras no tanto, pero no hemos conseguido elegir a un
equipo de gobierno que sea honesto, que sea eficaz, y mucho menos una combinación de ambos. Ahora tenemos la posibilidad de
volver a hacerlo, y tenemos menos de un mes para pensar y reflexionar sobre esta
decisión, cuya consecuencia será nuestro futuro (nada más y nada menos);
hagamos que la decisión personal se convierta en la decisión colectiva que nos
conduzca hacia el mejor resultado para todos; convirtámonos en una masa homogénea
que avanza para el mismo lado en búsqueda del progreso, y no pretendamos que
las cosas cambien de un día para el otro; si elegimos bien, el verdadero cambio
se verá a largo plazo (muy largo plazo; o sea, no se verá reflejado en un mandato
de 4 años), pero será mejor que el "pan para hoy y hambre para
mañana" al que nos somete el kirchnerismo.
"¡Seamos libres y lo
demás no importa!", dijo el General San Martín. Su ejemplo es más que
suficiente para que decidamos a conciencia hacia dónde queremos ir.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Interactuemos. ¡Dejame tu comentario!