17/11/2023

Un personaje conocido y anónimo

 

 Personajes hay en todas las ciudades y pueblos, muchos de ellos son conocidos por su apodo y otros, en cambio, son completamente anónimos; se los conoce porque frecuentan los mismos lugares, porque siempre están vestidos con la misma ropa o por sus hábitos, pero nadie sabe cómo se llaman, sólo son identificados por estas señas particulares.

 El personaje que me convoca hoy a escribir encuadra dentro de los que uno conoce por el apodo y por determinadas señas particulares; nunca supe cómo se llama o, si lo supe, hoy no lo recuerdo. Sí sé dónde vivía, porque es cerca de mi casa materna, además que es tío o pariente cercano de una persona que conozco. Sus señas particulares fueron siempre las mismas: sucio, desprolijo, con los ojos muy rojos y caminando a los tumbos; eso sí, siempre amable y respetuoso. Al menos, así es desde que tengo memoria de haberlo visto por primera vez, una tarde de 1.997; a excepción de la amabilidad y el respeto, las demás características fueron siempre iguales: yo volvía caminando de la escuela, como habitualmente hacía, y cuando estaba a dos cuadras de mi casa vi a un hombre tirado sobre la vereda junto a su bicicleta; no se movía, pero tampoco me animé a acercarme a ver si respiraba (de ahí que no conocí, en esa ocasión, su fase respetuosa y amable, porque él estaba dormido). En ese momento yo tenía 13 años y nunca había estado tan cerca de un accidente en la vía pública (bueno, es lo que yo pensaba en ese momento), así que toqué el timbre en una casa y le pregunté a la mujer que me atendió si podría llamar a la ambulancia para que atienda a ese hombre que estaba caído en la vereda de en frente. Ella lo miró y me dijo: “quedate tranquilo, él siempre se cae porque es borrachín. Ya se va a levantar cuando se le pase el pedo. Gracias igual”. Y después de eso, con una amable sonrisa, cerró la puerta.

 Seguí camino a mi casa, deben haber sido las 18.15 de una tarde más o menos cálida, porque recuerdo que había sol y era otoño. Poco después salí en la bicicleta, pasé por ahí y, efectivamente, él ya no estaba. Eso me dejó tranquilo y di fe que la mujer tenía razón: se levantaría cuando se le pasara el pedo.

 Pero después de ese primer encuentro (en el que él no me conoció por los motivos que ya conté) comencé a prestarle atención a la esquina en la que vivía. Hasta ese momento, hasta ese día, era una esquina más como las muchas que uno cruza a diario y pasan inadvertidas, como parte de un paisaje monótono y sin vida. Pero desde ese día, esa esquina pasó a tener dueño, pasó a tener una historia; alguien vivía en ese lugar tan feo y tenía un problema: se chupaba, se mamaba y se caía en cualquier lado.

 El tiempo pasó, fui creciendo y el camino a la escuela fue siempre el mismo, así que esa esquina era ya parte del paisaje al que le prestaba atención y no al que pasaba desapercibido. Ocasionalmente lo veía trastabillando para subirse a la bicicleta o, por el contrario, intentando bajarse, siempre apoyando un pie en el cordón como para ganar un poco más de altura y subirse a (o bajarse de) su bicicleta. Alguna vez lo he visto sentado en el pasto, apoyando su espalda contra el tapial de su esquina, de su casa; también, alguna vez lo vi “dormido” sobre el pasto escarchado en algún invierno, cuando iba para la escuela o cuando volvía. Era una escena que me causaba curiosidad y tristeza, aunque, en mi mente adolescente y carente de empatía, no se me cruzaba por la cabeza acercarme a ver si necesitaba ayuda. Me daba miedo que la gente me fuera a juzgar por acercarme a “ese borracho” y me tildaran, andá a saber de qué (porque la gente es mala y comenta). Entonces, pensando con más de 20 años de distancia, me doy cuenta que si me acercaba a hablarle, en una de esas, él podría haber sentido que alguien le daba importancia y que no estaba solo, y yo también podría haber descubierto a un nuevo ser humano frente a mí. Pero en aquellos años mis intereses eran otros totalmente distintos: yo quería ver si me podía levantar a una pendeja y tener novia, para no ser el único del grupo que no tenía y, por ende, dejar de ser “el raro”, el que “si no tiene novia, seguro que algo tiene”; nadie pensaba que yo no tenía novia porque no me animaba a encarar a una mina... En fin, me quedaba nomás con la curiosidad y nada más, seguía mi ruta. Pero él vivía ahí y siempre estaría la posibilidad de cruzarlo cada vez que iba a la escuela o cuando volvía; además, como hacía doble turno, pasaba 4 veces al día por esa esquina y las posibilidades de verlo y alimentar mi curiosidad, aumentaban…

 Los años pasaron, terminé la secundaria y empecé a trabajar, pero mi ruta seguía llevándome a pasar por esa esquina, así que el paisaje continuaba siendo el mismo: ocasionalmente lo veía desparramado en el suelo, durmiendo o tratando de levantarse, y yo siendo un simple espectador; nunca me involucré. De hecho, el tiempo siguió pasando y trayendo nuevas cosas: descubrí que tenía una vida social, no era un ermitaño que vivía en una covacha, ¡tenía amigos! Está bien, eran amistades que hacían lo mismo que él: juntarse a chupar como si no hubiera un mañana y luego irse a dormir… O quedarse dormidos en el patio o la vereda, donde el sueño (y el pedo) los venciera. Eso sí: jamás tuvo que ir la policía a esa casa por algún vecino que se quejara, porque él y sus amigos nunca molestaron a nadie. Ellos se juntaban y hacían la suya; es más, si te cruzaban saliendo de la casa, te saludaban y seguían su rumbo. Era como ver una postal de los viejos almacenes y bolichones de pueblo, que los “viejos” salían un poco entonados, pero con el respeto por los demás intacto. Bueno, así eran estos muchachos.

 Nunca indagué en su historia, hasta que conocí a una chica (de mi edad, unos 30 o 32 años tenía ella en ese momento) y charlando sobre las cosas cotidianas de cada uno, no sé cómo llegué a contarle de este personaje. La cosa es que él era hermano o primo de la mamá de ella, así que ahí conocí un poco más de su historia, pero apenas un poco: en esa casa, él vivía con su madre hasta que la mujer falleció; aparentemente, ese fue el “click” que lo llevó a tomar. O sea, viéndolo hoy, casi 10 años después de esa charla, es probable que se haya deprimido por la muerte de su madre y, al no contar con ninguna contención, la única salida que encontró fue la bebida.

 Esta historia empezó hace mucho más de 27 años, de aquella tarde de otoño de 1.997, cuando lo vi por primera vez, caído en la vereda de su casa. Vaya uno a saber cuándo se gestó en él esa angustia que lo sumergió en el oscuro y triste mundo del alcoholismo. Como decía hace un rato, lo bueno es que siempre fue muy respetuoso y jamás se metió en problemas con nadie; él se chupaba y no jodía los vecinos ni a los ocasionales transeúntes que pasaran por su vereda. Eso sí, era objeto de miradas curiosas, como la que yo fijé en él, pero también de miradas juiciosas, prejuiciosas y, peor aún, indiferentes. Él era parte de un paisaje frío y sin importancia, de un lugar feo y sucio, carente de belleza estética; pero nadie, y me incluyo, pudo ver que detrás de ese entorno tan feo vivía un ser humano con los mismos sentimientos que cualquiera que lo miraba al pasar. Quizás era fanático de un equipo de fútbol, quizás tuvo un amor que nunca pudo concretar, quizás ha soñado con una familia, quizás ese sueño, su amor, su fanatismo, se diluyeron con el tiempo en tantas cajas de vino…

 Hace unos días, mi vieja me comentó que estaba internado, muy delicado; no importa por qué, sólo sabíamos que no le quedaba mucho hilo en el carretel… Hoy, 16 de noviembre, mi vieja me contó que había fallecido. Sinceramente me dio pena, porque pensé en su vida y traté de ponerme en su lugar por un instante. Debe ser feo vivir así, sin oportunidades, en medio de la mugre, acompañado solamente por una cajita de vino y los dolores de una vida de miseria; debe ser feo sentirse invisible para una sociedad que sólo te mira para asquearse de tu aspecto o para curiosear en tu desdicha; debe ser feo que te conozcan por ser un “borrachín” y te tilden de vago o de mugriento, que te adjudiquen supuestos sin fundamentos y sin siquiera saber si tenías algo que decir. Mi viejo lo conoció y da fe que era buen tipo. Este personaje del que hablo, era una de esas personas anónimas que mencioné al principio, conocido sólo por su apodo: Cándido, le decían; su nombre es un misterio.

28/10/2023

Fanatismo, una enfermedad destructiva


 Una de las enfermedades mentales más destructivas se llama FANATISMO. Un mal social cada vez más masivo, casi epidémico... 

 El fanatismo anula la capacidad de razonar, obstruye el sentido de la audición objetiva (no puede ni quiere escuchar), condena al enfermo a un reducido grupo de personas que padecen la misma enfermedad, y lo aleja de los afectos.

 Quien padece fanatismo estigmatiza a los demás por pensar diferente, elevando la autoestima de su grupo con descalificaciones dirigidas a miembros de otros grupos (en ocasiones, otros grupos de fanáticos); el uso de esta violencia se extiende también a expresiones corporales, como gestos despectivos y de desdén. Una grave característica de esta enfermedad es la de no reconocer adversarios, sino enemigos.

 Si usted tiene algún familiar, amigo, compañero de trabajo o conocido que padezca esta terrible enfermedad, he aquí algunos pasos para acompañar al enfermo:

-No contradiga ni intente "hacer entrar en razones" al paciente; recuerde que el fanatismo anula la capacidad de razonar. Sólo se expresa mediante un coloquio común a su grupo de pertenencia, una especie de manual con frases y oraciones que repite compulsivamente.

-Nunca regañe a un fanático, tampoco opine usando palabras complejas ni metáforas, porque esta enfermedad ocasiona también delirios persecutivos que hacen del enfermo una fiera asustada: ataca ante la inminente (supuesta) amenaza.

-La palabra CAMBIO tiene una connotación catastrófica en su psiquis. No la use.

-Si el enfermo se pone agresivo con usted, entienda que se trata de un brote o episodio esporádico; no lo tome como algo personal, pues se trata de una simple proyección, o bien de una transferencia.


 Recuerde: el fanatismo es un mal muy agresivo que no sólo afecta al fanático, sino también a su entorno (que en ocasiones lo destruye). Si usted tiene algún contacto con el fanatismo, intente resguardarse buscando ayuda en amistades o actividades físicas al aire libre.


 La línea entre la libertad de pensamiento y el fanatismo es tan delgada como una telaraña...

23/10/2023

"Argentina, no lo entenderías"


Opinión publicada el 23 de octubre de 2023 en otro blog. La frase del titulo no me pertenece, como tampoco me pertenece la responsabilidad colectiva que da como resultado un proceso electoral; sí es mi competencia la responsabilidad de decidir concienzudamente a la hora de poner mi voto en la urna y hacer mi aporte en búsqueda de un cambio de paradigma o, por el contrario, de seguir con un mismo gobierno.

 Lo que ha sucedido en Argentina en este 2023 ha sido (y es) un reflejo de lo que somos como sociedad: una masa heterogénea y desordenada que se desplaza hacia donde la corriente la lleve, arrastrando a su paso las voluntades minoritarias. Las elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultaneas Obligatorias) definieron a los candidatos presidenciales que elegimos en los comicios del pasado domingo 22 de octubre; sin embargo, éstas últimas nos han dejado a millones de argentinos la sensación de que un posible cambio de paradigmas y finalizar con más de dos décadas de corrupción y saqueo desmedido puede ser un anhelo menos alcanzable: el candidato oficialista, Sergio Massa, lejos del magro resultado de las PASO, se impuso con más del 36% de los votos dejando a su principal adversario, Javier Milei, en segundo lugar con un 31%. Esto abre la puerta a una elección definitiva para el próximo 19 de noviembre (balotaje) entre Milei y Massa.

 Queda en evidencia la falta de memoria colectiva, el desinterés por un futuro sólido y más seguro, y el miedo a los cambios (a lo nuevo); el conjunto social olvida los eventos de inseguridad, el saqueo a las arcas del Estado, el apoyo a gobiernos dictatoriales como el de Venezuela y las declaraciones públicas e impúdicas de partidarios oficialistas con mensajes claramente golpistas; se olvida el afán del gobierno por seguir dividiendo para reinar, la inequidad en la repartición del dinero de TODOS y el obsceno reparto de dinero a través de planes sociales (que bien podrían calificarse como coimas) que aumentan desmedidamente el gasto público... Podría seguir enumerando los olvidos colectivos a la hora de depositar un voto, pero sería irme por las ramas, lejos del eje de esta opinión. Creo que si el gobernante electo es corrupto, es porque gran parte del electorado también lo es; no creo que haya personas honestas y coherentes que voten al representante de un gobierno que exprime al máximo las arcas del Estado y que no le importa dejar al país en llamas antes de las elecciones, autoproclamándose la única opción para salir del problema (que ellos mismos han generado) que terminan achacando a la oposición, a la guerra de Ucrania, a la invasión de Hamas a Israel, al Covid, o a cualquier evento o persona "de afuera" u opositora (recuerden que en 2008-2009, el principal enemigo era el campo, el Grupo Clarín y la "oligarquía" argentina).

 Otra vez, como sucede cada cuatro años, los argentinos nos encontramos en un momento de transición y es una obligación moral y ética hacer un uso racional del acto de votar. Entonces, a la hora de poner la boleta dentro del sobre, debemos tener en cuenta lo que escribí antes y, básicamente, estos últimos 20 años en los que han saqueado insaciablemente a nuestro país y, en consecuencia, a nosotros: a vos, a mí, a tu padre, a tu madre, a tus amigos, a tus hijos, a tus nietos, a cada ciudadano nos han saqueado los bolsillos, nos han cercenado la posibilidad de crecimiento y, si aún tenemos fuerzas y voluntad para invertir y crecer, nos limitan con una enorme carga impositiva que se lleva la mayor parte de nuestro dinero.

 El futuro de todos está en manos de los que tenemos la posibilidad de elegir, entonces pensemos concienzudamente, leamos, estudiemos un poco los eventos acontecidos en estos 20 años y tomemos una decisión en base a lo que nos generen esas situaciones que vivimos como sociedad. Enumero algunas, como ejemplo:

  • Desaparición forzada de Jorge Julio López el 28 de julio de 2006; era testigo clave en el caso Etchecolaz.
  • El conflicto con el campo en 2008 por la resolución 125 y el voto "no positivo” del entonces vicepresidente Julio Cobos, que dejó expuesta la voracidad económica del gobierno y la decisión pública de saquear al campo a través de una retención del 40% del bruto producido por las exportaciones.
  • El homicidio del fiscal Alberto Nisman, el 18 de enero de 2015, un día antes de su presentación contra la entonces presidente Cristina Fernández por el pacto con Irán y su vinculación con el atentado a la AMIA.
  • El triple crimen de General Rodríguez ocurrido en agosto de 2008, por el que se "destapó" el comercio ilegal de la efedrina, en el que se vio involucrado el entonces Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
  • Santiago Maldonado, un activista que se ahogó en el río Chubut, por el que acusaron a Gendarmería de desaparición forzada. Su figura se usó impúdicamente como estandarte de lucha y reivindicación de los Derechos Humanos, descontextualizando los motivos por los cuales se produjo su muerte. Esto ocurrió entre agosto y octubre de 2018.
  • "La ruta del dinero K", causa “Los Sauces”, por la que están implicados, además de la familia Kirchner, el empresario Lázaro Báez y otros ex funcionarios kirchneristas.
  • Los subsidios otorgados por el gobierno a la Tupac Amaru, fundación de Milagros Sala en Jujuy.
  • El apoderamiento de instituciones sensibles a la población como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que han sido usadas como emblemas propios del kirchnerismo cuando, en realidad, su reclamo pertenece a todo el pueblo argentino.

 La lista es mucho más larga, pero si buscás, te vas a dar cuenta que esto es apenas una muestra de la cantidad de casos corruptos en los que se involucra el gobierno kirchnerista.

 Te saquean en la cara, te dan un peso y te roban diez. ¿Vas a seguir avalando este desastre? ¿Vas a permitir que tus hijos se críen en un país lleno de "derechos" sin obligaciones? ¿Creés que es ético vivir de arriba y que otros trabajen para mantenerte? ¿Creés que es digno vivir pobre y mantenido por el Estado (que somos todos), en lugar de crecer y superarte trabajando honradamente? ¿Creés que es justo y digno trabajar 10, 12 o más horas diarias para que el Estado se quede con el 70% de tu salario? ¿Creés que es justo y digno sentir intranquilidad cuando salís de tu casa, porque no hay seguridad y te pueden afanar o matar en cualquier lugar? ¿Te querés quedar con la sensación incómoda de la zona de confort o preferís arriesgarte y votar un cambio?

 Lo distinto y lo desconocido dan miedo, pero es mejor aventurarse a conocer otra manera de gobernar que seguir con el "malo conocido" al que sólo le importa que tu voto lo mantenga en el lugar de privilegio en que se encuentra, porque si vuelven a ser civiles como vos y yo, en el mejor de los casos, la Justicia le podrá caer con su peso y procesarlos como a cualquier delincuente común. O sea, quieren que elijas a Massa para mantener sus fueros y seguir delinquiendo en libertad. Pero la verdadera libertad es la que tenemos nosotros con el voto; elegir al distinto puede ser la posibilidad de salir de este flagelo que nos asfixia desde hace años.

 Puede que Javier Milei no sea el estereotipo de candidato al que estamos acostumbrados, pero es la única opción viable que nos queda. Dan miedo algunas de sus propuestas, pero son preferibles a la falta de propuestas por parte de Sergio Massa, que es otra marioneta (como el actual presidente). Podemos elegir un mandatario fuerte y decidido a llevar adelante su proyecto, o a un muñeco que actúa de acuerdo a lo que la titiritera le ordena.

 Y si elegimos a Milei será un camino difícil y una cuesta arriba, pero será una búsqueda de la puerta de salida a esta situación empobrecedora a la que somos sometidos desde hace tantos años. En 2015 elegimos un cambio que no funcionó y retomamos la fórmula nefasta ya conocida; pongamos lo que tenemos que poner y busquemos otro cambio. Sólo así se consigue progresar: manteniendo el objetivo siempre a la vista y buscar la fórmula necesaria para lograrlo, aunque nos cueste años de esfuerzo; lo que nunca debemos hacer es regresar a las viejas fórmulas que no sirven y nos perjudican.

 El país está otra vez en llamas y es una “causalidad” que estemos en un conflicto tan difícil justo al final de un gobierno extenso: en 2001 vivimos una situación terrible con saqueos, piquetes (cortes de calles por parte de numerosos grupos de personas), el corralito (que encerró los ahorros de millones de argentinos en los bancos, limitando la posibilidad de extraer dinero a sólo $250 por semana /en ese tiempo, eran US$250) y una escalada de violencia que terminó con el gobierno de Fernando De La Rúa, que fue el presidente desde 1999. Acá abro un paréntesis: Fernando De La Rúa fue el candidato de La Alianza, un frente formado por el Unión Cívica Radical y el FREPASO (Frente para un País Solidario), para retomar el poder tras una década de gobierno peronista llevado adelante por Carlos Menem. Cierro paréntesis. Este gobierno, débil institucionalmente, tomó las riendas de un país en crisis que decantó en el cierre de comercios y fábricas, la consecuente pérdida masiva de empleo, y la decadencia institucional en todos los niveles: hubo falta de insumos hospitalarios, falta de materias primas para producción, y un amplísimo etcétera. Y para hacer cartón lleno, tuvimos cinco presidentes en una semana: Fernando De La Rúa (que se fue en helicóptero desde la Casa Rosada), Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Sáa, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, que siguió gobernando hasta 2003, cuando convocó a elecciones. De estos comicios, el ganador fue Néstor Kirchner, que tuvo una disputa muy férrea con Carlos Menem (que se bajó a último momento, porque si no, iba a haber balotaje y era muy probable que se quedara con la presidencia).

 Ahí comenzaron estos casi 20 años de kirchnerismo; ahí comenzó a gestarse la metástasis de esta enfermedad argentina que lleva décadas evolucionando. La utilización de planes sociales, que en un principio fueron propuestos por Elisa Carrió como un paliativo para ayudar a la población de menos recursos y que era temporal, se convirtió en un arma política que aumentó el gasto público (dinero de impuestos) y elevó estrepitosamente la cantidad de personas mantenidas por el Estado, lo que motivó a que, al menos, dos generaciones se críen sin necesidad de trabajar, provocando el deterioro de la cultura del trabajo. Otra de las armas políticas fue el uso de organizaciones sociales con punteros que recibían (y reciben) grandes cantidades de dinero, movilizando a sus grupos de acuerdo a los intereses del partido político que gobierna.

 En 2008, como decía hace instantes, el conflicto con el campo volvió a destapar la olla y encendió la caldera social: otra vez desabastecimiento de combustible, de insumos hospitalarios y para producción que afectaron negativamente el funcionamiento económico del país. Esta vez, los punteros estaban por todos lados, pero no fueron ellos, sino los agremiados del Sindicato de Camioneros los que más ruido hicieron, que cortaban los principales accesos a las ciudades. En Venado Tuerto, mi ciudad, cortaban el cruce de las rutas nacionales 8 y 33, dos puntos importantísimos del transporte hacia los puertos de Buenos Aires y Rosario, y de éstos hacia el interior del país.

 Hoy, a 20 años de aquellos comienzos, los punteros siguen siendo utilizados y creciendo; el problema es que el alimento de esas masas es el dinero público, son nuestros impuestos. Y hoy, el desabastecimiento se está dando otra vez; otra vez estamos a las puertas de una situación de crisis que genera incertidumbre y temor a una nueva escalada de violencia como en los dos episodios que mencioné recién. Y si ya estamos viviendo tiempos violentos con la inseguridad y el problema del narcotráfico (especialmente en Rosario y Santa Fe), imaginate la que se viene…

 Estamos también a las puertas de una elección decisiva para el futuro del país o, por lo menos, de los próximos 4 años. Tenemos la obligación de instruirnos y leer la historia contemporánea y la historia pasada de nuestro país, para decidir con conocimiento de nosotros mismos, del pueblo que somos; son más de 200 años de historia, pero si te da fiaca leer tanto, podés partir desde la conformación nacional (1.862, con el gobierno de Bartolomé Mitre), son apenas un poco más de 100 años de historia. Tengamos en cuenta cómo se han suscitado los hechos antes, durante y después de cada gobierno; veamos qué decisiones acertadas y qué errores cometieron los gobernantes, especialmente los que, a partir de 1.930, fueron sucedidos por Golpes de Estado y quiénes estuvieron detrás de éstos, para tener un pantallazo de cómo piensan y conducen los representantes de los diferentes partidos. Obvio que hay cambios de paradigmas, porque el pensamiento de antes no es el mismo que el de hoy en día; pero la codicia y la corrupción existieron siempre, y lo que vemos hoy es una evolución de los mecanismos de corrupción y sometimiento de las masas, sin precedentes. Quienes vivimos en los ’90 pensábamos que no iba a haber mayor corrupción que la del gobierno de Menem, pero los Kirchner nos taparon la boca.

 La permanente búsqueda de enemigos (externos e internos), así como adjudicarse la “noble obligación de proteger al Pueblo, guiarlo y llevarlo a un futuro promisorio”, han sido estrategias políticas de gobiernos democráticos y de facto casi por igual, especialmente de gobiernos de tinte populista como lo han sido los sucesivos mandatos kirchneristas.

 Ya dije esto, pero vale repetirlo: nos robaron, nos están robando y nos quieren seguir robando. Pero no hacen esto para llevar a cabo una obra de gobierno, hacen esto para seguir protegidos por los fueros y para evitar ser juzgados como delincuentes comunes, especialmente el mascarón de proa de este barco pirata, que es Cristina Fernández.

 El 30 de octubre se cumplieron 40 años del regreso de la Democracia, 40 años de poder elegir ininterrumpidamente a los mandatarios de todos los estratos del Estado: intendentes, concejales, senadores, diputados, ministros y presidentes.

 Nos hemos equivocado en nuestras elecciones, sí; a veces muy feo y otras no tanto, pero no hemos conseguido elegir a un equipo de gobierno que sea honesto, que sea eficaz, y mucho menos una combinación de ambos. Ahora tenemos la posibilidad de volver a hacerlo, y tenemos menos de un mes para pensar y reflexionar sobre esta decisión, cuya consecuencia será nuestro futuro (nada más y nada menos); hagamos que la decisión personal se convierta en la decisión colectiva que nos conduzca hacia el mejor resultado para todos; convirtámonos en una masa homogénea que avanza para el mismo lado en búsqueda del progreso, y no pretendamos que las cosas cambien de un día para el otro; si elegimos bien, el verdadero cambio se verá a largo plazo (muy largo plazo; o sea, no se verá reflejado en un mandato de 4 años), pero será mejor que el "pan para hoy y hambre para mañana" al que nos somete el kirchnerismo.

 "¡Seamos libres y lo demás no importa!", dijo el General San Martín. Su ejemplo es más que suficiente para que decidamos a conciencia hacia dónde queremos ir.

18/06/2023

Ser padre


Ser padre es ocupar un lugar y rol muy importantes en la vida de una persona, porque es más que sólo concebir; implica la presencia, el acompañamiento y la transmisión de valores y conceptos morales que deben ser puestos en práctica para que los hijos, además de escucharlo, también vean a su referente llevarlo a la práctica. Por lo tanto, la palabra PADRE es mucho más que sólo esas cinco letras que pronunciamos a nuestro progenitor.

 A todos los hombres que ocupan ese importante lugar en nuestras vidas, les deseo un muy feliz día del padre!

 Y el saludo más especial es para Héctor Espíndola, mi viejo, mi compañero y mi padre de corazón.

 A mi papá y a mi abuelo, los abrazo en el pensamiento y los llevo siempre conmigo ❤️

10/06/2023

Pescar una idea

 

 Un día cualquiera te querés poner a escribir, así que prendés la compu, te preparás el mate (tomás el primero y cebás el segundo) y mientras sentís el sutil ruidito de la espumita y el vapor se te cruza por delante del monitor, ponés los deditos en el teclado y, como por arte de magia, se te pone la mente en blanco y no sabés sobre qué vas a escribir. ¿Cómo puede ser? ¡Si hasta hace instantes tenías una idea buenísima dándote vueltas y esperabas el momento oportuno para volcarlo en la hoja de texto, y ahora te encontrás con la cabeza completamente vacía…!

 Antes de entrar en desesperación, hacés una pausa y le das un sorbo a ese mate recién cebado que te invita a tomarlo con ese vaporcito y la espumita crepitante. El agua caliente arrastra por tu boca los sabores de la yerba y el sutil gustito de la cucharadita de café que le agregaste. Está fuerte como cachetada de Transformer, pero así te gusta (no que te cachetee un Transformer, entiéndase que hablo del mate): con un sabor intenso y fuerte, capaz de persistir aún por encima del gusto a cebolla que te quedó de la tarta recalentada que comiste. Te gusta ese mate señorial, cuya sola presencia en la mesa te dice “este soy yo, acá estoy” que no se golpea el pecho porque no tiene manos, pero vos sí te golpeás el pecho (simbólicamente, claro) por el mate que te cebaste. Aunque, sabés de antemano que dentro de un rato, cuando ya te metas en la sinuosidad de la escritura, lo vas a dejar un poco de lado y se te empezará a lavar, y su sabor será cada vez más suave y lo encontrarás más parecido al agua vieja del florero que al señor mate con que estás actualmente.

 El aroma del café mezclado con la yerba te acarician la nariz, el cerebro y la imaginación; remueven un poco tus pensamientos y recuerdos, pero no das con la idea que querías escribir hace unos minutos. De todas maneras, fluyen como agua de río y se asoman nuevas y buenas, como un cardumen de salmones que nada a contracorriente y salta fuera del agua; entonces, una de ellas queda, por decirlo así, atrapada en tu red y comienza a moverse en tu cabeza como queriendo volver al cardumen, y con cada movimiento va revolviendo tus neuronas, haciendo que aparezcan otras ideas más pequeñas de las que se alimenta y se hace más fuerte. Pero al ir creciendo te va guiando hacia un tema sobre el que escribir y se da una especie de retroalimentación, porque mientras la idea crece vos escribís y, a medida que escribís, la idea crece.

 Finalmente, casi sin darte cuenta cómo ni porqué, llegás al punto final, al cierre de un texto que nació del caudaloso río de ideas que surca tu mente y por la “pesca” al azar de una de ellas. Entonces podés soltar esa idea gordita y linda, para que regrese con las demás y vuelva a vos cuando quiera. Ese texto tiene la magia de ser una total improvisación creada únicamente de la información acumulada en el sedimento vivo de tu memoria…. Igual que este.

 A propósito… Para esta altura se cumplió lo que te dije líneas más arriba: mi señor mate está tan lavado que se parece al agua vieja de un florero.


01/06/2023

Los Custodios de la Columna

 

 En mi barrio hay personajes de todos los rubros como en cualquier barrio, supongo. Están los que compran y venden autos viejos, los jugadores de fútbol callejero, los que siempre ponen la casa para las juntadas (ese es mi vecino de al lado) y después hay dos grupos que son particularmente notables: los “sostenedores de tapial”, que son los que aguantan sobre su espalda el peso de las lajas de mi tapial, más allá que la construcción está firme; y también están los “custodios de la columna”, y es por ellos que he decidido bautizar este texto con ese nombre.

 Son los más sacrificados, porque están cumpliendo su labor haga calor o frío, haya sol o esté nublado, haya viento o no. Excepto cuando llueve, ellos están todos los días: mañana, tarde y noche.

 La columna en cuestión se encuentra en la esquina opuesta a la que vivo y cuando voy a trabajar o cuando salgo al centro, sí o sí paso frente a ella y veo a sus custodios trabajando y preservándola. En sí, la columna sostiene un entramado de cables, así que pertenece a la Cooperativa Eléctrica de la ciudad.

 Reconozco que nunca me he atrevido a indagar, mucho menos a preguntarles por qué la cuidan tanto. Entiendo que es su trabajo y por algo deben hacerlo, así que elijo no interrumpirlos. Es más, hasta he pensado que son como esos guardias ingleses que se mantienen estáticos frente a las puertas del palacio de Buckingham, porque en más de una oportunidad he pasado y los he saludado, pero sólo me han mirado. Ni levantaron la mano, ni movieron la cabeza, así que estimo que el protocolo debe ser muy estricto.

 Entonces pienso: si estos pibes, siendo tan jóvenes, llevan adelante una labor dura con tanto esmero, son un buen referente para todos los vagos que no quieren mover un dedo ni para rascarse. Lo que no sé (por si quisiera sugerir este trabajo a alguno que me pregunte) es dónde hay que inscribirse o quién regula la actividad. ¿Habrá un sindicato de custodios de columnas? Me imagino que sería algo como “Sindicato de Trabajadores Custodios de Columnas de la República Argentina”, cuya impronunciable sigla sería “STCCRA”, algo así como la Comisión de Mantenimiento y Actualización Permanente de la Canción Patria”, la CMAPCP” de Les Luthiers. O, quizás, pueden ser parte de una logia secreta, como eran los Masones en la antigüedad: los “Custos Columnarum”. Imagino una reunión en un templo con forma de columna y la ubicación de los asientos en círculo, y cada integrante tomando el lugar que sea correspondiente a la jerarquía de cada uno; los cargos más altos ocupan las filas superiores y los cargos más bajos ocupan las inferiores. Ya sé que es una flasheada, pero sería interesante ver un culto de ese tipo.

 También me pregunto si tendrán ART, porque es un trabajo que se lleva al aire libre y están expuestos a muchos peligros. Más allá de poder morir atropellados por un colectivo que se sale de control, puede caerles un rayo, ser picados por una abeja, mordidos por un perro o se les puede meter tierra en los ojos cuando hay viento fuerte. Pienso esto, porque los veo trabajar sin equipo de seguridad, como podrían ser antiparras o botines con punta de acero; porque ellos están ahí, poniendo el cuerpo en joggin y zapatillas, y están muy expuestos. La única protección para la cabeza es una gorra que sólo los puede proteger de una cagada de paloma, pero si los caga un cóndor se las van a ver feas… Aunque es poco probable que vuele un cóndor por estas pampas… Pero uno debe pensar en todo, como las compañías de seguro.

 Y volviendo al tema del sindicato, también me pregunto si tendrán obra social, porque esa gente debe tener familia y siempre se necesita algún turno al médico, especialmente si hay niños o si algún integrante tiene una enfermedad crónica. Y teniendo esto en cuenta, ¿serán trabajadores en blanco y con recibo de sueldo o serán monotributistas? Podrían ser empleados estatales, pero para eso deberían tener uniforme y, como he comentado anteriormente, no lo tienen. Para mí que deben ser monotributistas y facturan a la empresa que fabrica las columnas… Quizás, pienso, esa empresa las fabrica, las entrega en comodato a la Cooperativa Eléctrica y, a su vez, pone a sus propios custodios para protegerlas. Y como están haciendo un trabajo de riesgo, es muy probable que el “STCCRA” los represente ante el Estado y la ART los proteja de eventuales accidentes por ejercer una profesión que sí o sí debe llevarse a cabo en la vía pública.

 O sea, uno pasa y ve a un grupito de 4 o 5 pibes apoyados en una columna, con sus gorritas o capuchas tapándoles parte de la cara, en joggin y zapatillas, y lo primero que se puede pensar es que son una manga de vagos. Pero a partir de ahora, sé o intuyo que ellos son trabajadores y se ganan la vida dignamente cuidando la columna.

 En Argentina, no trabaja el que no quiere…


10/05/2023

Siempre hay tiempo para aprender

 


 La vida es una mujer tan bella como misteriosa y sabia. Pero no es sino cuando sufrimos, que aprendemos a escuchar y observar detenidamente sus lecciones. Y no fue hasta que debí transitar por un sendero muy oscuro, casi sintiendo el gélido aliento de la muerte, que pude apreciarlas. Recién es la punta de un ovillo tan largo, que sólo veré el final cuando realmente llegue el final. Sumado a esa experiencia, una conversación con mi tío me enseñó dos metáforas: una salida de la boca de mi abuelo, y otra de un anciano que se cruzó en la vida de mi tío cuando él era joven. La de mi abuelo dice: “cuando salgas, no cierres esa puerta; por ahí pasó mi padre, el padre de mi padre, y el padre del padre de mi padre; del mismo modo pasarán tus hijos, y los hijos de tus hijos, y los hijos de los hijos de tus hijos”. Hace referencia a que la puerta que atravesará mi tío en ese momento es la vida. Y el hecho de dejarla abierta es para que los que siguen tras él, puedan seguir sus huellas. Por eso mi abuelo hace referencia a su padre, su abuelo y su bisabuelo; justamente para ejemplificar que él siguió los pasos de sus mayores, dejó su huella para que la sigan sus hijos (en este caso mi tío), y como para continuar el tránsito por la vida le pide a mi tío que siga marcando el camino para que sus hijos, nietos y bisnietos continúen con su ejemplo.

 La metáfora del anciano rezaba: “la vida es como una escalera, y debés subirla peldaño por peldaño, lentamente, sin apuro; nunca corriendo, porque podés tropezar y caer. Y cada vez que te ofrezca un descanso, tomalo, así repondrás fuerzas para seguir subiendo”. La explicación a esta metáfora es tan interesante como la anterior: Al transitar por la vida y llevar a cabo nuestras rutinas, debemos ser más precavidos, detener la marcha a una velocidad que nos permita apreciar mejor nuestro entorno, y todo aquello que se nos ofrece a cada instante. Algo tan simple como mantener un diálogo con nuestros padres, con un amigo o pareja, puede ser muy constructivo y revelador. Si andamos siempre apurados, podemos perder mucho más que el supuesto tiempo que perdemos al detenernos; contrariamente a eso, deteniéndonos ganamos mucho más. Una palabra sabia de nuestro padre o madre, un punto de vista de nuestro amigo, una sonrisa de nuestra pareja, pueden ser el gesto elemental para que nuestro día sea mejor. Si pasamos apurados, corremos el riesgo de sufrir un accidente; es decir, si no nos detenemos a apreciar ese pequeño gesto, tal vez no tengamos una nueva oportunidad de disfrutarlo. Nunca sabremos cuándo es el final del ovillo de la otra persona o nuestro.

 Así fue que, deteniéndome en estos ejemplos, pensándolos, más la explicación de mi tío, tomé esas frases como máximas para aplicar en mi vida. Y si bien no hay que pensar en la muerte todo el tiempo y en base a eso apreciar más la vida, sí deberíamos hacer las cosas por el simple placer de vivirlas y regalarles a nuestros seres queridos más tiempo compartido. Así la vida nos resulta más activa y productiva. Así, con pequeños grandes gestos que llenen nuestra alma y la de nuestros semejantes, podemos hacer un tránsito más agradable por este, nuestro camino. Nuestro ovillo y el de los demás, se desmadejará de otra manera. Al menos, eso es lo que puedo transmitir desde que la Parca y San Pedro se disputaban mi vida en un tablero de ajedrez. Hoy disfruto de mis días en compañía de mis padres, amigos y conocidos; aunque también aprovecho las oportunidades de seguir conociendo gente. Todo esto que me está pasando, todo lo que me rodea, me hace más fuerte como persona, me ayuda a crecer, me hace feliz, me llena el alma. Aprendí que, en lugar de hacerme mala sangre por pequeñeces, es mejor buscar una solución a ese problemita... La vida es una mujer tan bella como misteriosa y sabia. Pero no es sino cuando sufrimos que aprendemos a escuchar y observar detenidamente sus lecciones. Yo, estoy aprendiendo, por eso lo transmito.

Se estuvo tan cerca...

   Se terminó otra ilusión; otra Copa Libertadores que se niega a dar una vuelta olímpica en el Cilindro de Avellaneda. En el pueblo racingu...