23/10/2023

"Argentina, no lo entenderías"


Opinión publicada el 23 de octubre de 2023 en otro blog. La frase del titulo no me pertenece, como tampoco me pertenece la responsabilidad colectiva que da como resultado un proceso electoral; sí es mi competencia la responsabilidad de decidir concienzudamente a la hora de poner mi voto en la urna y hacer mi aporte en búsqueda de un cambio de paradigma o, por el contrario, de seguir con un mismo gobierno.

 Lo que ha sucedido en Argentina en este 2023 ha sido (y es) un reflejo de lo que somos como sociedad: una masa heterogénea y desordenada que se desplaza hacia donde la corriente la lleve, arrastrando a su paso las voluntades minoritarias. Las elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultaneas Obligatorias) definieron a los candidatos presidenciales que elegimos en los comicios del pasado domingo 22 de octubre; sin embargo, éstas últimas nos han dejado a millones de argentinos la sensación de que un posible cambio de paradigmas y finalizar con más de dos décadas de corrupción y saqueo desmedido puede ser un anhelo menos alcanzable: el candidato oficialista, Sergio Massa, lejos del magro resultado de las PASO, se impuso con más del 36% de los votos dejando a su principal adversario, Javier Milei, en segundo lugar con un 31%. Esto abre la puerta a una elección definitiva para el próximo 19 de noviembre (balotaje) entre Milei y Massa.

 Queda en evidencia la falta de memoria colectiva, el desinterés por un futuro sólido y más seguro, y el miedo a los cambios (a lo nuevo); el conjunto social olvida los eventos de inseguridad, el saqueo a las arcas del Estado, el apoyo a gobiernos dictatoriales como el de Venezuela y las declaraciones públicas e impúdicas de partidarios oficialistas con mensajes claramente golpistas; se olvida el afán del gobierno por seguir dividiendo para reinar, la inequidad en la repartición del dinero de TODOS y el obsceno reparto de dinero a través de planes sociales (que bien podrían calificarse como coimas) que aumentan desmedidamente el gasto público... Podría seguir enumerando los olvidos colectivos a la hora de depositar un voto, pero sería irme por las ramas, lejos del eje de esta opinión. Creo que si el gobernante electo es corrupto, es porque gran parte del electorado también lo es; no creo que haya personas honestas y coherentes que voten al representante de un gobierno que exprime al máximo las arcas del Estado y que no le importa dejar al país en llamas antes de las elecciones, autoproclamándose la única opción para salir del problema (que ellos mismos han generado) que terminan achacando a la oposición, a la guerra de Ucrania, a la invasión de Hamas a Israel, al Covid, o a cualquier evento o persona "de afuera" u opositora (recuerden que en 2008-2009, el principal enemigo era el campo, el Grupo Clarín y la "oligarquía" argentina).

 Otra vez, como sucede cada cuatro años, los argentinos nos encontramos en un momento de transición y es una obligación moral y ética hacer un uso racional del acto de votar. Entonces, a la hora de poner la boleta dentro del sobre, debemos tener en cuenta lo que escribí antes y, básicamente, estos últimos 20 años en los que han saqueado insaciablemente a nuestro país y, en consecuencia, a nosotros: a vos, a mí, a tu padre, a tu madre, a tus amigos, a tus hijos, a tus nietos, a cada ciudadano nos han saqueado los bolsillos, nos han cercenado la posibilidad de crecimiento y, si aún tenemos fuerzas y voluntad para invertir y crecer, nos limitan con una enorme carga impositiva que se lleva la mayor parte de nuestro dinero.

 El futuro de todos está en manos de los que tenemos la posibilidad de elegir, entonces pensemos concienzudamente, leamos, estudiemos un poco los eventos acontecidos en estos 20 años y tomemos una decisión en base a lo que nos generen esas situaciones que vivimos como sociedad. Enumero algunas, como ejemplo:

  • Desaparición forzada de Jorge Julio López el 28 de julio de 2006; era testigo clave en el caso Etchecolaz.
  • El conflicto con el campo en 2008 por la resolución 125 y el voto "no positivo” del entonces vicepresidente Julio Cobos, que dejó expuesta la voracidad económica del gobierno y la decisión pública de saquear al campo a través de una retención del 40% del bruto producido por las exportaciones.
  • El homicidio del fiscal Alberto Nisman, el 18 de enero de 2015, un día antes de su presentación contra la entonces presidente Cristina Fernández por el pacto con Irán y su vinculación con el atentado a la AMIA.
  • El triple crimen de General Rodríguez ocurrido en agosto de 2008, por el que se "destapó" el comercio ilegal de la efedrina, en el que se vio involucrado el entonces Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
  • Santiago Maldonado, un activista que se ahogó en el río Chubut, por el que acusaron a Gendarmería de desaparición forzada. Su figura se usó impúdicamente como estandarte de lucha y reivindicación de los Derechos Humanos, descontextualizando los motivos por los cuales se produjo su muerte. Esto ocurrió entre agosto y octubre de 2018.
  • "La ruta del dinero K", causa “Los Sauces”, por la que están implicados, además de la familia Kirchner, el empresario Lázaro Báez y otros ex funcionarios kirchneristas.
  • Los subsidios otorgados por el gobierno a la Tupac Amaru, fundación de Milagros Sala en Jujuy.
  • El apoderamiento de instituciones sensibles a la población como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que han sido usadas como emblemas propios del kirchnerismo cuando, en realidad, su reclamo pertenece a todo el pueblo argentino.

 La lista es mucho más larga, pero si buscás, te vas a dar cuenta que esto es apenas una muestra de la cantidad de casos corruptos en los que se involucra el gobierno kirchnerista.

 Te saquean en la cara, te dan un peso y te roban diez. ¿Vas a seguir avalando este desastre? ¿Vas a permitir que tus hijos se críen en un país lleno de "derechos" sin obligaciones? ¿Creés que es ético vivir de arriba y que otros trabajen para mantenerte? ¿Creés que es digno vivir pobre y mantenido por el Estado (que somos todos), en lugar de crecer y superarte trabajando honradamente? ¿Creés que es justo y digno trabajar 10, 12 o más horas diarias para que el Estado se quede con el 70% de tu salario? ¿Creés que es justo y digno sentir intranquilidad cuando salís de tu casa, porque no hay seguridad y te pueden afanar o matar en cualquier lugar? ¿Te querés quedar con la sensación incómoda de la zona de confort o preferís arriesgarte y votar un cambio?

 Lo distinto y lo desconocido dan miedo, pero es mejor aventurarse a conocer otra manera de gobernar que seguir con el "malo conocido" al que sólo le importa que tu voto lo mantenga en el lugar de privilegio en que se encuentra, porque si vuelven a ser civiles como vos y yo, en el mejor de los casos, la Justicia le podrá caer con su peso y procesarlos como a cualquier delincuente común. O sea, quieren que elijas a Massa para mantener sus fueros y seguir delinquiendo en libertad. Pero la verdadera libertad es la que tenemos nosotros con el voto; elegir al distinto puede ser la posibilidad de salir de este flagelo que nos asfixia desde hace años.

 Puede que Javier Milei no sea el estereotipo de candidato al que estamos acostumbrados, pero es la única opción viable que nos queda. Dan miedo algunas de sus propuestas, pero son preferibles a la falta de propuestas por parte de Sergio Massa, que es otra marioneta (como el actual presidente). Podemos elegir un mandatario fuerte y decidido a llevar adelante su proyecto, o a un muñeco que actúa de acuerdo a lo que la titiritera le ordena.

 Y si elegimos a Milei será un camino difícil y una cuesta arriba, pero será una búsqueda de la puerta de salida a esta situación empobrecedora a la que somos sometidos desde hace tantos años. En 2015 elegimos un cambio que no funcionó y retomamos la fórmula nefasta ya conocida; pongamos lo que tenemos que poner y busquemos otro cambio. Sólo así se consigue progresar: manteniendo el objetivo siempre a la vista y buscar la fórmula necesaria para lograrlo, aunque nos cueste años de esfuerzo; lo que nunca debemos hacer es regresar a las viejas fórmulas que no sirven y nos perjudican.

 El país está otra vez en llamas y es una “causalidad” que estemos en un conflicto tan difícil justo al final de un gobierno extenso: en 2001 vivimos una situación terrible con saqueos, piquetes (cortes de calles por parte de numerosos grupos de personas), el corralito (que encerró los ahorros de millones de argentinos en los bancos, limitando la posibilidad de extraer dinero a sólo $250 por semana /en ese tiempo, eran US$250) y una escalada de violencia que terminó con el gobierno de Fernando De La Rúa, que fue el presidente desde 1999. Acá abro un paréntesis: Fernando De La Rúa fue el candidato de La Alianza, un frente formado por el Unión Cívica Radical y el FREPASO (Frente para un País Solidario), para retomar el poder tras una década de gobierno peronista llevado adelante por Carlos Menem. Cierro paréntesis. Este gobierno, débil institucionalmente, tomó las riendas de un país en crisis que decantó en el cierre de comercios y fábricas, la consecuente pérdida masiva de empleo, y la decadencia institucional en todos los niveles: hubo falta de insumos hospitalarios, falta de materias primas para producción, y un amplísimo etcétera. Y para hacer cartón lleno, tuvimos cinco presidentes en una semana: Fernando De La Rúa (que se fue en helicóptero desde la Casa Rosada), Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Sáa, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, que siguió gobernando hasta 2003, cuando convocó a elecciones. De estos comicios, el ganador fue Néstor Kirchner, que tuvo una disputa muy férrea con Carlos Menem (que se bajó a último momento, porque si no, iba a haber balotaje y era muy probable que se quedara con la presidencia).

 Ahí comenzaron estos casi 20 años de kirchnerismo; ahí comenzó a gestarse la metástasis de esta enfermedad argentina que lleva décadas evolucionando. La utilización de planes sociales, que en un principio fueron propuestos por Elisa Carrió como un paliativo para ayudar a la población de menos recursos y que era temporal, se convirtió en un arma política que aumentó el gasto público (dinero de impuestos) y elevó estrepitosamente la cantidad de personas mantenidas por el Estado, lo que motivó a que, al menos, dos generaciones se críen sin necesidad de trabajar, provocando el deterioro de la cultura del trabajo. Otra de las armas políticas fue el uso de organizaciones sociales con punteros que recibían (y reciben) grandes cantidades de dinero, movilizando a sus grupos de acuerdo a los intereses del partido político que gobierna.

 En 2008, como decía hace instantes, el conflicto con el campo volvió a destapar la olla y encendió la caldera social: otra vez desabastecimiento de combustible, de insumos hospitalarios y para producción que afectaron negativamente el funcionamiento económico del país. Esta vez, los punteros estaban por todos lados, pero no fueron ellos, sino los agremiados del Sindicato de Camioneros los que más ruido hicieron, que cortaban los principales accesos a las ciudades. En Venado Tuerto, mi ciudad, cortaban el cruce de las rutas nacionales 8 y 33, dos puntos importantísimos del transporte hacia los puertos de Buenos Aires y Rosario, y de éstos hacia el interior del país.

 Hoy, a 20 años de aquellos comienzos, los punteros siguen siendo utilizados y creciendo; el problema es que el alimento de esas masas es el dinero público, son nuestros impuestos. Y hoy, el desabastecimiento se está dando otra vez; otra vez estamos a las puertas de una situación de crisis que genera incertidumbre y temor a una nueva escalada de violencia como en los dos episodios que mencioné recién. Y si ya estamos viviendo tiempos violentos con la inseguridad y el problema del narcotráfico (especialmente en Rosario y Santa Fe), imaginate la que se viene…

 Estamos también a las puertas de una elección decisiva para el futuro del país o, por lo menos, de los próximos 4 años. Tenemos la obligación de instruirnos y leer la historia contemporánea y la historia pasada de nuestro país, para decidir con conocimiento de nosotros mismos, del pueblo que somos; son más de 200 años de historia, pero si te da fiaca leer tanto, podés partir desde la conformación nacional (1.862, con el gobierno de Bartolomé Mitre), son apenas un poco más de 100 años de historia. Tengamos en cuenta cómo se han suscitado los hechos antes, durante y después de cada gobierno; veamos qué decisiones acertadas y qué errores cometieron los gobernantes, especialmente los que, a partir de 1.930, fueron sucedidos por Golpes de Estado y quiénes estuvieron detrás de éstos, para tener un pantallazo de cómo piensan y conducen los representantes de los diferentes partidos. Obvio que hay cambios de paradigmas, porque el pensamiento de antes no es el mismo que el de hoy en día; pero la codicia y la corrupción existieron siempre, y lo que vemos hoy es una evolución de los mecanismos de corrupción y sometimiento de las masas, sin precedentes. Quienes vivimos en los ’90 pensábamos que no iba a haber mayor corrupción que la del gobierno de Menem, pero los Kirchner nos taparon la boca.

 La permanente búsqueda de enemigos (externos e internos), así como adjudicarse la “noble obligación de proteger al Pueblo, guiarlo y llevarlo a un futuro promisorio”, han sido estrategias políticas de gobiernos democráticos y de facto casi por igual, especialmente de gobiernos de tinte populista como lo han sido los sucesivos mandatos kirchneristas.

 Ya dije esto, pero vale repetirlo: nos robaron, nos están robando y nos quieren seguir robando. Pero no hacen esto para llevar a cabo una obra de gobierno, hacen esto para seguir protegidos por los fueros y para evitar ser juzgados como delincuentes comunes, especialmente el mascarón de proa de este barco pirata, que es Cristina Fernández.

 El 30 de octubre se cumplieron 40 años del regreso de la Democracia, 40 años de poder elegir ininterrumpidamente a los mandatarios de todos los estratos del Estado: intendentes, concejales, senadores, diputados, ministros y presidentes.

 Nos hemos equivocado en nuestras elecciones, sí; a veces muy feo y otras no tanto, pero no hemos conseguido elegir a un equipo de gobierno que sea honesto, que sea eficaz, y mucho menos una combinación de ambos. Ahora tenemos la posibilidad de volver a hacerlo, y tenemos menos de un mes para pensar y reflexionar sobre esta decisión, cuya consecuencia será nuestro futuro (nada más y nada menos); hagamos que la decisión personal se convierta en la decisión colectiva que nos conduzca hacia el mejor resultado para todos; convirtámonos en una masa homogénea que avanza para el mismo lado en búsqueda del progreso, y no pretendamos que las cosas cambien de un día para el otro; si elegimos bien, el verdadero cambio se verá a largo plazo (muy largo plazo; o sea, no se verá reflejado en un mandato de 4 años), pero será mejor que el "pan para hoy y hambre para mañana" al que nos somete el kirchnerismo.

 "¡Seamos libres y lo demás no importa!", dijo el General San Martín. Su ejemplo es más que suficiente para que decidamos a conciencia hacia dónde queremos ir.

18/06/2023

Ser padre


Ser padre es ocupar un lugar y rol muy importantes en la vida de una persona, porque es más que sólo concebir; implica la presencia, el acompañamiento y la transmisión de valores y conceptos morales que deben ser puestos en práctica para que los hijos, además de escucharlo, también vean a su referente llevarlo a la práctica. Por lo tanto, la palabra PADRE es mucho más que sólo esas cinco letras que pronunciamos a nuestro progenitor.

 A todos los hombres que ocupan ese importante lugar en nuestras vidas, les deseo un muy feliz día del padre!

 Y el saludo más especial es para Héctor Espíndola, mi viejo, mi compañero y mi padre de corazón.

 A mi papá y a mi abuelo, los abrazo en el pensamiento y los llevo siempre conmigo ❤️

10/06/2023

Pescar una idea

 

 Un día cualquiera te querés poner a escribir, así que prendés la compu, te preparás el mate (tomás el primero y cebás el segundo) y mientras sentís el sutil ruidito de la espumita y el vapor se te cruza por delante del monitor, ponés los deditos en el teclado y, como por arte de magia, se te pone la mente en blanco y no sabés sobre qué vas a escribir. ¿Cómo puede ser? ¡Si hasta hace instantes tenías una idea buenísima dándote vueltas y esperabas el momento oportuno para volcarlo en la hoja de texto, y ahora te encontrás con la cabeza completamente vacía…!

 Antes de entrar en desesperación, hacés una pausa y le das un sorbo a ese mate recién cebado que te invita a tomarlo con ese vaporcito y la espumita crepitante. El agua caliente arrastra por tu boca los sabores de la yerba y el sutil gustito de la cucharadita de café que le agregaste. Está fuerte como cachetada de Transformer, pero así te gusta (no que te cachetee un Transformer, entiéndase que hablo del mate): con un sabor intenso y fuerte, capaz de persistir aún por encima del gusto a cebolla que te quedó de la tarta recalentada que comiste. Te gusta ese mate señorial, cuya sola presencia en la mesa te dice “este soy yo, acá estoy” que no se golpea el pecho porque no tiene manos, pero vos sí te golpeás el pecho (simbólicamente, claro) por el mate que te cebaste. Aunque, sabés de antemano que dentro de un rato, cuando ya te metas en la sinuosidad de la escritura, lo vas a dejar un poco de lado y se te empezará a lavar, y su sabor será cada vez más suave y lo encontrarás más parecido al agua vieja del florero que al señor mate con que estás actualmente.

 El aroma del café mezclado con la yerba te acarician la nariz, el cerebro y la imaginación; remueven un poco tus pensamientos y recuerdos, pero no das con la idea que querías escribir hace unos minutos. De todas maneras, fluyen como agua de río y se asoman nuevas y buenas, como un cardumen de salmones que nada a contracorriente y salta fuera del agua; entonces, una de ellas queda, por decirlo así, atrapada en tu red y comienza a moverse en tu cabeza como queriendo volver al cardumen, y con cada movimiento va revolviendo tus neuronas, haciendo que aparezcan otras ideas más pequeñas de las que se alimenta y se hace más fuerte. Pero al ir creciendo te va guiando hacia un tema sobre el que escribir y se da una especie de retroalimentación, porque mientras la idea crece vos escribís y, a medida que escribís, la idea crece.

 Finalmente, casi sin darte cuenta cómo ni porqué, llegás al punto final, al cierre de un texto que nació del caudaloso río de ideas que surca tu mente y por la “pesca” al azar de una de ellas. Entonces podés soltar esa idea gordita y linda, para que regrese con las demás y vuelva a vos cuando quiera. Ese texto tiene la magia de ser una total improvisación creada únicamente de la información acumulada en el sedimento vivo de tu memoria…. Igual que este.

 A propósito… Para esta altura se cumplió lo que te dije líneas más arriba: mi señor mate está tan lavado que se parece al agua vieja de un florero.


01/06/2023

Los Custodios de la Columna

 

 En mi barrio hay personajes de todos los rubros como en cualquier barrio, supongo. Están los que compran y venden autos viejos, los jugadores de fútbol callejero, los que siempre ponen la casa para las juntadas (ese es mi vecino de al lado) y después hay dos grupos que son particularmente notables: los “sostenedores de tapial”, que son los que aguantan sobre su espalda el peso de las lajas de mi tapial, más allá que la construcción está firme; y también están los “custodios de la columna”, y es por ellos que he decidido bautizar este texto con ese nombre.

 Son los más sacrificados, porque están cumpliendo su labor haga calor o frío, haya sol o esté nublado, haya viento o no. Excepto cuando llueve, ellos están todos los días: mañana, tarde y noche.

 La columna en cuestión se encuentra en la esquina opuesta a la que vivo y cuando voy a trabajar o cuando salgo al centro, sí o sí paso frente a ella y veo a sus custodios trabajando y preservándola. En sí, la columna sostiene un entramado de cables, así que pertenece a la Cooperativa Eléctrica de la ciudad.

 Reconozco que nunca me he atrevido a indagar, mucho menos a preguntarles por qué la cuidan tanto. Entiendo que es su trabajo y por algo deben hacerlo, así que elijo no interrumpirlos. Es más, hasta he pensado que son como esos guardias ingleses que se mantienen estáticos frente a las puertas del palacio de Buckingham, porque en más de una oportunidad he pasado y los he saludado, pero sólo me han mirado. Ni levantaron la mano, ni movieron la cabeza, así que estimo que el protocolo debe ser muy estricto.

 Entonces pienso: si estos pibes, siendo tan jóvenes, llevan adelante una labor dura con tanto esmero, son un buen referente para todos los vagos que no quieren mover un dedo ni para rascarse. Lo que no sé (por si quisiera sugerir este trabajo a alguno que me pregunte) es dónde hay que inscribirse o quién regula la actividad. ¿Habrá un sindicato de custodios de columnas? Me imagino que sería algo como “Sindicato de Trabajadores Custodios de Columnas de la República Argentina”, cuya impronunciable sigla sería “STCCRA”, algo así como la Comisión de Mantenimiento y Actualización Permanente de la Canción Patria”, la CMAPCP” de Les Luthiers. O, quizás, pueden ser parte de una logia secreta, como eran los Masones en la antigüedad: los “Custos Columnarum”. Imagino una reunión en un templo con forma de columna y la ubicación de los asientos en círculo, y cada integrante tomando el lugar que sea correspondiente a la jerarquía de cada uno; los cargos más altos ocupan las filas superiores y los cargos más bajos ocupan las inferiores. Ya sé que es una flasheada, pero sería interesante ver un culto de ese tipo.

 También me pregunto si tendrán ART, porque es un trabajo que se lleva al aire libre y están expuestos a muchos peligros. Más allá de poder morir atropellados por un colectivo que se sale de control, puede caerles un rayo, ser picados por una abeja, mordidos por un perro o se les puede meter tierra en los ojos cuando hay viento fuerte. Pienso esto, porque los veo trabajar sin equipo de seguridad, como podrían ser antiparras o botines con punta de acero; porque ellos están ahí, poniendo el cuerpo en joggin y zapatillas, y están muy expuestos. La única protección para la cabeza es una gorra que sólo los puede proteger de una cagada de paloma, pero si los caga un cóndor se las van a ver feas… Aunque es poco probable que vuele un cóndor por estas pampas… Pero uno debe pensar en todo, como las compañías de seguro.

 Y volviendo al tema del sindicato, también me pregunto si tendrán obra social, porque esa gente debe tener familia y siempre se necesita algún turno al médico, especialmente si hay niños o si algún integrante tiene una enfermedad crónica. Y teniendo esto en cuenta, ¿serán trabajadores en blanco y con recibo de sueldo o serán monotributistas? Podrían ser empleados estatales, pero para eso deberían tener uniforme y, como he comentado anteriormente, no lo tienen. Para mí que deben ser monotributistas y facturan a la empresa que fabrica las columnas… Quizás, pienso, esa empresa las fabrica, las entrega en comodato a la Cooperativa Eléctrica y, a su vez, pone a sus propios custodios para protegerlas. Y como están haciendo un trabajo de riesgo, es muy probable que el “STCCRA” los represente ante el Estado y la ART los proteja de eventuales accidentes por ejercer una profesión que sí o sí debe llevarse a cabo en la vía pública.

 O sea, uno pasa y ve a un grupito de 4 o 5 pibes apoyados en una columna, con sus gorritas o capuchas tapándoles parte de la cara, en joggin y zapatillas, y lo primero que se puede pensar es que son una manga de vagos. Pero a partir de ahora, sé o intuyo que ellos son trabajadores y se ganan la vida dignamente cuidando la columna.

 En Argentina, no trabaja el que no quiere…


10/05/2023

Siempre hay tiempo para aprender

 


 La vida es una mujer tan bella como misteriosa y sabia. Pero no es sino cuando sufrimos, que aprendemos a escuchar y observar detenidamente sus lecciones. Y no fue hasta que debí transitar por un sendero muy oscuro, casi sintiendo el gélido aliento de la muerte, que pude apreciarlas. Recién es la punta de un ovillo tan largo, que sólo veré el final cuando realmente llegue el final. Sumado a esa experiencia, una conversación con mi tío me enseñó dos metáforas: una salida de la boca de mi abuelo, y otra de un anciano que se cruzó en la vida de mi tío cuando él era joven. La de mi abuelo dice: “cuando salgas, no cierres esa puerta; por ahí pasó mi padre, el padre de mi padre, y el padre del padre de mi padre; del mismo modo pasarán tus hijos, y los hijos de tus hijos, y los hijos de los hijos de tus hijos”. Hace referencia a que la puerta que atravesará mi tío en ese momento es la vida. Y el hecho de dejarla abierta es para que los que siguen tras él, puedan seguir sus huellas. Por eso mi abuelo hace referencia a su padre, su abuelo y su bisabuelo; justamente para ejemplificar que él siguió los pasos de sus mayores, dejó su huella para que la sigan sus hijos (en este caso mi tío), y como para continuar el tránsito por la vida le pide a mi tío que siga marcando el camino para que sus hijos, nietos y bisnietos continúen con su ejemplo.

 La metáfora del anciano rezaba: “la vida es como una escalera, y debés subirla peldaño por peldaño, lentamente, sin apuro; nunca corriendo, porque podés tropezar y caer. Y cada vez que te ofrezca un descanso, tomalo, así repondrás fuerzas para seguir subiendo”. La explicación a esta metáfora es tan interesante como la anterior: Al transitar por la vida y llevar a cabo nuestras rutinas, debemos ser más precavidos, detener la marcha a una velocidad que nos permita apreciar mejor nuestro entorno, y todo aquello que se nos ofrece a cada instante. Algo tan simple como mantener un diálogo con nuestros padres, con un amigo o pareja, puede ser muy constructivo y revelador. Si andamos siempre apurados, podemos perder mucho más que el supuesto tiempo que perdemos al detenernos; contrariamente a eso, deteniéndonos ganamos mucho más. Una palabra sabia de nuestro padre o madre, un punto de vista de nuestro amigo, una sonrisa de nuestra pareja, pueden ser el gesto elemental para que nuestro día sea mejor. Si pasamos apurados, corremos el riesgo de sufrir un accidente; es decir, si no nos detenemos a apreciar ese pequeño gesto, tal vez no tengamos una nueva oportunidad de disfrutarlo. Nunca sabremos cuándo es el final del ovillo de la otra persona o nuestro.

 Así fue que, deteniéndome en estos ejemplos, pensándolos, más la explicación de mi tío, tomé esas frases como máximas para aplicar en mi vida. Y si bien no hay que pensar en la muerte todo el tiempo y en base a eso apreciar más la vida, sí deberíamos hacer las cosas por el simple placer de vivirlas y regalarles a nuestros seres queridos más tiempo compartido. Así la vida nos resulta más activa y productiva. Así, con pequeños grandes gestos que llenen nuestra alma y la de nuestros semejantes, podemos hacer un tránsito más agradable por este, nuestro camino. Nuestro ovillo y el de los demás, se desmadejará de otra manera. Al menos, eso es lo que puedo transmitir desde que la Parca y San Pedro se disputaban mi vida en un tablero de ajedrez. Hoy disfruto de mis días en compañía de mis padres, amigos y conocidos; aunque también aprovecho las oportunidades de seguir conociendo gente. Todo esto que me está pasando, todo lo que me rodea, me hace más fuerte como persona, me ayuda a crecer, me hace feliz, me llena el alma. Aprendí que, en lugar de hacerme mala sangre por pequeñeces, es mejor buscar una solución a ese problemita... La vida es una mujer tan bella como misteriosa y sabia. Pero no es sino cuando sufrimos que aprendemos a escuchar y observar detenidamente sus lecciones. Yo, estoy aprendiendo, por eso lo transmito.

05/05/2023

La Escalera - Parábola de la vida

 Era un día cálido, de esos que invitan a sentarse en una plaza a tomar mates. Aquella tarde, Luís ingresó muy apresurado a la pensión donde convivía con un anciano, y éste lo pudo comprobar al escuchar los pasos en la escalera y verlo ingresar a la habitación que compartían.

 El joven, apenas lo saludó antes de ingresar al baño a ducharse; pocos minutos después, salió envuelto en una toalla y comenzó a vestirse presurosamente. El viejo, observaba sus movimientos en silencio mientras tomaba mates sentado en la pequeña mesa de la cocina.

 Una vez hubo terminado de vestirse y peinarse, Luís encaminó sus pasos hacia la puerta, pero el anciano lo detuvo al invitarlo con un mate.

     - Antes de irse tómese un mate, m’hijo.

     - No puedo, don Pedro, me tengo que ir; me está esperando una mina y…

     - Tómese el mate, m’hijo, yo sé lo que le digo –Repitió el viejo con voz serena; aun manteniendo el mate en el aire, como si fuese una ofrenda religiosa.

     - ¡Pero me tengo que ir, don Pedro! ¡Me tengo que encontrar con esa mina, y estoy atrasado! ¡Me está haciendo perder tiempo!

     - Tómese el mate y escuche algo importante que tengo que decirle…

 El joven miró su reloj con ofuscación, asimismo, optó por tomar el mate. “Este viejo me va a hacer perder a esta mina”, pensó.

     - Listo, me voy –dijo, cuando lo terminó el mate y se lo entregó al anciano.

     - ¡Espere!respondió a secas, mientras se cebaba un mate- Lo que le tengo que decir es importante. Siéntese y escuche.

     - Pero…

     - Pero nada, m’hijo. Usted es joven, yo soy viejo, y lo que tengo que decir le puede servir para el resto del viaje. Hágame caso, por favor; siéntese.

 Instintivamente, Luís tomó asiento; esta vez no miró su reloj, supuso que, si no se quedaba unos minutos más, jamás podría llegar a encontrarse con la mujer. Pero don Pedro no parecía apurado; es más, cambió la yerba y cebó un mate; mientras el joven lo tomaba, el viejo comenzó con una pregunta:

     - ¿Por qué está tan apurado, m’hijo?

     - ¡Ya le dije, porque me tengo que encontrar con una mina y es tarde!

     - ¿Tarde, para qué?

     - ¿Cómo para qué? ¡Para llegar hasta la plaza donde nos vamos a encontrar! Me espera a las cinco de la tarde y son las cinco menos diez, encima tengo como veinte minutos de colectivo hasta allá y…

     - Espere –interrumpió el viejo-, cálmese… ¿Y usted cree que esta chica se va a ir si no llega a las cinco en punto?

     - Y…

     - Si es así, usted no es del interés de esta chica; si realmente usted le interesa, ella lo va a esperar.

     - Bueno, pero…

     - Dígame: ¿vale la pena correr y andar apurado, a riesgo de caerse y no llegar nunca?

     - No le entiendo, don Pedro. ¿A dónde quiere llegar? ¡Se me hace tarde!

     - Deme el mate y le digo -lo cebó lentamente y prosiguió-. Fíjese cómo llegó a este cuarto: subió corriendo las escaleras, entró casi sin saludar, se bañó y volvió a salir corriendo. Si no lo detenía para decirle esto, usted iba a bajar las escaleras enloquecido, iba a tomar el colectivo y se iba a poner más ansioso por el tiempo del viaje; iba a sudar nervios en cada parada…

     - No lo entiendo… -volvió a mirar su reloj: eran las 16.56.

     - Lo que quiero decirle, m’hijo, es que puede que llegue tarde ahora, pero va a llegar. Imagine qué hubiese pasado si se tropezaba al subir la escalera… Dígame, ¿qué hubiese pasado?

 Luís guardó silencio unos instantes, no se atrevía a mirar a los ojos de aquel viejo, cuyo brillo adivinaba detrás del grueso vidrio de sus anteojos. Tomó el mate y lo devolvió a don Pedro.

     - Me… Me hubiera caído o me hubiera lastimado… -respondió, casi a regañadientes.

     - Exacto, m’hijo, y no hubiera podido llegar nunca a verse con esa chica; porque en vez de ir a una plaza, hubiera tenido que ir a un hospital a que le vean el pie.

     - Sí, tiene razón, pero por suerte no pasó nada y…

     - ¿Y si pasaba? ¿Y si ahora, cuando sale de acá, se cae?

 Otra vez, Luís guardó silencio. Aquellas palabras estaban haciendo mella en su cerebro, porque estaba entendiendo el mensaje.

 Finalmente, el viejo dijo:

-       M’hijo, yo también he sido joven; también he tenido aventuras y me he desesperado cuando no podía llegar… Le regalo esta reflexión, para que piense mientras va en el colectivo: la vida es como una escalera y, como tal, hay que subirla peldaño por peldaño, sin correr. Cuando ofrezca un descanso hay que tomarlo y descansar, para seguir ascendiendo con más energía. ¿Me explico?

 Luís sonrió al escuchar la metáfora del viejo, se levantó y lo abrazó en gratitud. Entonces, don Pedro le palmeó la mejilla y le dijo:

-       Ahora vaya y encuéntrese con ella. Recuerde que, si usted le interesa, esta chica lo va a esperar.

 El joven descendió la escalera a paso habitual, sin prisas, relajado; caminó hasta la esquina y esperó al colectivo unos minutos, hasta que llegó. Aquellos veinte minutos se esfumaron entre el murmullo de la gente y el vibrante arrullo del motor; finalmente, al llegar a la parada, Luís caminó las dos cuadras que lo separaban del lugar de encuentro. Estaba ansioso, pero tranquilo; aquella breve conversación con el viejo lo había ayudado a pensar con más claridad y entender que todo lo que deba ser, será.

 El sol reinaba en la tarde y una cálida brisa acariciaba los cabellos de los transeúntes. Desde el mástil de una ondeante bandera argentina, Luís oteaba el entorno en busca de aquella muchacha, pero no la veía. Cuando volteó para retornar, suponiendo que él no le interesaba y por eso no lo había esperado, la vio junto a una fuente. Estaba haciendo lo mismo que él, intentando encontrarlo entre la gente, el paisaje verde y los monumentos.

     - ¡Hola, me esperaste! –dijo Luís, con entusiasmo.

     - ¡Hola! ¡Claro que te esperé! Vivo acá y sé el lío que es, y que no siempre se puede ser puntual. Además, si no me hubieses interesado, creeme que ya no estaría acá…

 

-       …Aquella confesión me trajo a la mente lo mismo que me había dicho el viejo Pedro un rato antes, cuando estábamos en la pensión haciendo lo mismo que estoy haciendo con vos. Pero ahora yo soy el viejo y vos sos el joven…

 El mate despedía un suave vapor mientras era sujetado por la mano de mi tío, que me estaba relatando su historia. No recuerdo el año, ni día ni el mes; sólo sé que aún no caminaba, por lo que no estaba yendo a trabajar y recibía algunas visitas a diario. Esa tarde, él había llegado a verme, para conversar un poco y tomar unos mates. El diálogo comenzó como todos en ese entonces:

-       ¿Cómo estás, te duele?

 Y así seguíamos, yo comentando cómo se desarrollaba mi día a día y, de paso, me interiorizaba en el día a día de la persona que me visitara.

 Con mi tío, la charla empieza en el hoy, se desplaza hacia el ayer y culmina en una filosofía que se nutre de experiencias personales. De ellas, rescatamos hechos que nos dejan la enseñanza que vamos compartiendo en el transcurso de los minutos, entre diálogo y mates.

 Sin dudas, este legado es una máxima de vida que, quizás, cuando sea viejo, yo pueda transmitirle a otro hombre joven para ayudarlo a transitar la escalera de su vida.

 

04/05/2023

Hay equipo

 


 Aprovechando que mayo es el mes del trabajo, me pareció copado escribir sobre mi historia con la actividad laboral, la que comencé a realizar siendo muy joven.

 Empecé en este mundo del laburo cuando era apenas un pibe de 16 años, vivíamos del sueldo de mi vieja, que trabajaba como empleada doméstica en una casa de familia y, a decir verdad, las cosas se complicaban. A esa edad, yo era muy idílico y creía que, por ser varón, debía ocupar el rol del hombre de la casa. Y los mandatos sociales decían (siempre dijeron) que el hombre debe ser el que trae el sustento de la casa. Si bien no lo sentía así, asumía la responsabilidad de contribuir a la economía doméstica y, principalmente, ayudar a mi vieja.

 Ella se deslomaba trabajando mañana y tarde, levantándose a las 07.00, cortando a las 14.00 y volviendo a trabajar a las 16.00 para terminar a las 21.00. Ese trajín duró casi 10 años (pueden haber sido 11 o 12, no lo recuerdo con nitidez). Yo la veía esforzarse para administrar la plata que ganaba para comprar la comida, pagar los servicios, comprarme lo necesario para la escuela, alimentar al perro y también para que yo saliera los fines de semana. Algún que otro gasto extra debía bancarse también con la plata de ella y a eso sumarle los créditos que iba sacando para hacer arreglos en la casa.

 Como me pesaba ser un mantenido, pese a que ella no estaba muy de acuerdo (en el fondo, creo que sentía alivio al saber que yo quisiera laburar) y gracias a un amigo que me ofreció trabajar en la fábrica de su familia, es que pude dar mis primeros pasos en el mundo laboral. Gracias a mi decisión de trabajar y al ofrecimiento de Martín (así se llama mi amigo) empecé este camino de ida en el que uno aprende a disfrutar del sabroso fruto del trabajo. Ni esfuerzo ni sacrificio ni lucha, como venden los gremialistas. ¡No! Desde muy joven y, pese a la rebeldía propia de la adolescencia, tuve en claro que el trabajo no implica una lucha, sino todo lo contrario. Y, con el correr de los años, entendí aún más y profundicé mis conceptos sobre el trabajo: sea cual sea el área en que uno se desempeñe, es un auténtico trabajo en equipo. Porque, por citar el ejemplo de mi experiencia, en una fábrica todos debemos llevar a cabo nuestra tarea, que es el eslabón que nos toca ocupar en la cadena de producción, y al final de esa cadena se consigue el producto final; si uno es enfermero pasa lo mismo, y también si se trabaja de telefonista, peón de albañil, en un estudio contable, en la secretaría de un abogado, si sos dueño, si sos operador de radio, escritor, malabarista en una compañía de teatro, etcétera, etcétera, etcétera. En cualquier rubro que nos desempeñemos, siempre trabajamos en equipo, y eso es importantísimo saberlo, aceptarlo y llevarlo a cabo con la dignidad que el puesto ocupado merece.

 La experiencia fabril fue muy constructiva, porque aprendí mucho sobre la inyección de plásticos, los diferentes tipos de polímeros que usábamos, cómo utilizar algunas herramientas, cómo funciona (a grandes rasgos) una máquina inyectora, un deshumificador (un aparato que le quita la humedad al plástico), y la cantidad de pasos que hay desde que abrís la bolsa de materia prima hasta el producto final.

 Entré en el verano de 2000 y trabajé aproximadamente 7 años (meses más, meses menos) hasta que, después de mandarme varias cagadas, decidí renunciar, asesorado por un amigo abogado que me ayudó a irme dejando las cosas bien, porque estaba muy agradecido por la oportunidad, pero ya no me hallaba en ese trabajo.

 Después de renunciar quise emprender como productor y conductor de radio, haciendo un programa que salía de lunes a viernes. Siempre fui un desastre vendiendo, así que no pude tener una mísera publicidad en los meses que estuve haciendo el programa. Y, mientras tanto, para sobrevivir, hice una changa con el tío de la novia que tenía en ese tiempo, que era tapicero; también imprimí varias copias de mi currículum y empecé a mandar a las vacantes que aparecían en los Avisos Clasificados del diario El Informe hasta que, por octubre o noviembre de 2007, me llamaron de una empresa para ocupar una vacante en un call center. Asistí a las entrevistas de admisión y a los pocos días me llamaron para decirme que comenzaba con las pruebas. Fue toda una experiencia, porque nunca había trabajado en una oficina… Cuando entré, fue como en esas películas yanquis, en que los trabajadores tienen boxes individuales y todos están metidos en su computadora y su teléfono; bueno, así fue la primera impresión que tuve cuando entré a ese enorme lugar, repleto de boxes verdes y gente hablando por teléfono. Yo veía a esas mujeres hablando por teléfono todas juntas y a la vez, manejando una envidiable concentración para no distraerse con las conversaciones de las demás compañeras.

 En ese call center estuve casi tres años y medio, y aprendí a trabajar los sábados, los domingos y los feriados, además que el primer año me tocó año nuevo a la noche… ¡Un infierno! Si bien ya venía haciendo el turno noche (que estaba solo, porque los servicios no eran tantos), esa fue la noche más larga y estresante de todas. Cuando se hicieron las seis de la mañana, hora en que terminaba mi turno, estaba completamente agotado. El estrés no era por estar un año nuevo atendiendo el teléfono, sino, como era un call center del servicio de grúas de una compañía de seguros, mi misión era enviar un auxilio a cualquier asociado que me lo pidiera. Pero un 31 de diciembre a la noche, pedirle a una grúa que salga a remolcar a un tipo que se quedó a 100 kilómetros de su destino, era muy difícil y había que llamar a otros prestadores hasta conseguir uno. Y, mientras tanto, había que atajar los reclamos del socio que esperaba la grúa. Así fue durante las primeras horas de la noche, con varios asociados, luego, pasada la medianoche, la cosa se calmó bastante.

 En ese call center también atendíamos un servicio extra, que era de salud. Nada que ver con la compañía de seguros, sino que era un convenio con otra empresa, y ese fue el motivo por el que me despidieron en septiembre de 2010: porque, como no me gustaba esa parte de mi trabajo, me mandé algunas metidas de pata muy grosas: me echaba flores de puteadas cuando llamaba a un sanatorio u hospital en medio de una emergencia y tardaban en atender, pero cuando alguien levantaba el tubo del otro lado, yo era un señorito inglés. Nadie receptaba mis insultos al Universo, pero esa cloaca de obscenidades que salía de mi boca quedaba grabada y a los superiores no les gustaba. Ese fue mi único error (cojudo error, digo hoy) por el que la empresa decidió “prescindir de mis servicios”. En ese tiempo que trabajé ahí, me había convertido en uno de los referentes de mis compañeros nuevos, porque había aprendido a manejar bien los servicios grúa y, mientras atendía 2 o 3 al mismo tiempo, podía darle una mano a algún compañero o compañera que me necesitara.

 Bueno, vueltas de la vida, una pareja que trabajaba conmigo había emprendido con un comercio (una despensa) y me ofrecieron que se la atienda hasta que me salga un nuevo trabajo que me dé más estabilidad. Así que atendí la despensa “Fuerza” durante poco más de un mes hasta que, a fines de 2011, me llamaron para una entrevista de trabajo en una empresa privada de emergencias médicas: mi función sería atender el teléfono y a las personas que fuesen a medirse la presión, colocarse un inyectable o pedir asesoramiento para asociarse. Ahí también estuve trabajando poco más de tres años, además que aprendí mucho sobre la medicación básica que se usa en estos servicios domiciliarios, a preparar el botiquín, a limpiar el consultorio, a tomar la presión, a escuchar a la gente que iba a controlársela y también desmitifiqué la figura del médico. Antes de trabajar ahí, creía que los médicos debían ser serios y siempre tomarse a la tremenda cualquier dolor que acusara una persona, así como también pensaba que, mientras estaba de guardia, un profesional de la salud hacía una vigilia permanente. Pero, al estar desde adentro, supe que a veces hacían guardias de hasta 72 horas, por lo que hacerlas sin dormir sería, como dijo un profesor de Cecilia Grierson en 1910, “un error, un atentado contra sí mismo, una inmoralidad”. Entonces, aprendí que los profesionales de la salud son tan humanos como las personas que requieren de sus servicios; parece una estupidez, pero la mayoría de la gente no lo entiende y cree que “el doctor” debe estar siempre a la espera de su llamado y que un simple dolor en el pelo, acarreado desde hace una semana, es una emergencia… No, ahí también aprendí y entendí algo que me pedían las operadoras de los sanatorios en el trabajo anterior: “¿qué color le pongo al servicio?”, me decía la persona que tenía del otro lado, y para mí era chino básico. “¡¿Qué color?! ¡¿Qué sé yo, qué color se usa?!” “¿Esto es un servicio de salud o una cartuchera escolar?”, pensaba mientras la escuchaba. Claro, cuando entré a trabajar en esta empresa de emergencias aprendí qué son esos colores: verde para consultas, amarillo para urgencias y rojo para emergencias. ¡Ahí todo cuadraba! Entonces, persona que leés esto, te explico que un dolor de pelo de hace una semana, no es una emergencia, sino una consulta; por ende, el móvil va a demorar en llegar (o sea, hasta que termine las demás consultas o, si tiene una emergencia, la atenderá primero y esperarás con tu pelo doliente hasta que estabilicen al paciente y esa atención esté finalizada). En síntesis, el color que se le aplica a cada servicio indica la prioridad por el riesgo vital que el evento implica: si es accidente de tránsito, es código rojo o emercencia, por lo que la atención es inmediata; si es una fractura, es código amarillo o urgencia, y la atención no puede demorar más de 30 minutos; si es dolor de pelo desde hace una semana, es código verde o consulta, y la atención se puede demorar entre 60 y 120 minutos, aproximadamente.

 Bueno, la cosa es que de ahí también me echaron. ¿A que no adivinan por qué? Sí, porque también me mandé cagadas. A estas no las tengo tan claras, además que al despedirme no me dieron demasiadas explicaciones; asimismo, quedé muy agradecido con el equipo de trabajo y con lo aprendido, porque la empresa me dio una mano enorme cuando tuve un accidente (ya lo contaré en otra publicación) y me aliviaron mucho la carga económica de traslados, curaciones y cuidados.

 El tiempo entre que fui despedido hasta que conseguí mi siguiente trabajo, fue el más largo de inactividad desde que había comenzado a trabajar en aquel lejano año 2000, cuando era un adolescente con la cara llena de granos y una mochila cargada de expectativas de crecimiento económico y social. Poco antes de quedarme sin trabajo, por octubre de 2013, me había inscripto en un curso de formación laboral, de acompañante terapéutico y gerontológico, y me preocupaba no conseguir un laburo antes de ingresar a cursar, además que se me terminaba la plata de la indemnización y debía pagar el alquiler, comer y bancar los servicios. Por ese tiempo, una de las últimas sogas que tiré fue la de emprender con la novia de un amigo en hacer prepizzas para vender. Hasta me había hecho los análisis para la habilitación municipal, así que me había tomado el emprendimiento en serio. Pese a que nos salían muy ricas, el negocio no salió como planeábamos y, tras intentar hacerlo mejor, al no conseguir comercios que nos las compren, decidimos dejarlo. Por supuesto que nos comimos todas las prepizzas que nos habían sobrado, así que habremos comido pizza por un mes.

 A mediados de marzo de 2014, cuando estaba arañando la lata para rescatar los últimos mangos que tenía, una amiga me hizo llegar un ejemplar de los Avisos Clasificados de El Informe, en el que pedían una persona para cuidar a un paciente con Alzheimer. Como iba a estudiar algo similar, decidí presentarme a la entrevista. Sin saberlo, estaba ingresando a un nuevo mundo, a una experiencia que me acompaña hasta el día de hoy, porque gracias a esta decisión conocí y conozco gente maravillosa, aprendí y aprendo sobre los pacientes, las dificultades por las que mi servicio es solicitado, y también sobre mí mismo. Este hombre con quien comencé a trabajar en marzo de 2014, fue mi primer gran maestro en el arte de cuidar a una persona: su nombre era Donato (de él cuento una anécdota en una narración anterior a esta).

 Trabajar con él me abrió las puertas a nuevos pacientes y mayores experiencias, llegando al lugar donde hoy me encuentro, que es la clínica de salud mental en la que formo parte del equipo interdisciplinario como acompañante terapéutico y, desde hace un año y pico, también trabajo como administrativo.

 Actualmente, mientras sigo trabajando en la clínica y con algunos pacientes particulares, estoy emprendiendo en mis pasiones, que son la locución, el dibujo y la escritura. Acá también, pese a hacerlo solo, sé que necesito de otro para completar determinados pasos; y con mi pareja estamos haciendo algo similar y también somos un equipo.

 En mi carrera laboral he pasado por muchos rubros y he aprendido la importancia de trabajar codo a codo con mis compañeros, con humildad y sin pretender pasar por encima de ninguno de ellos.

 El trabajo dignifica y estimula positivamente a querer progresar. Si no sos feliz en el lugar que trabajás o en la actividad que realizás, entonces es momento de plantearte qué te gustaría hacer y tratar de enfocarte en tu objetivo. Al fin y al cabo, trabajar es más que hacer algo a cambio de dinero; trabajar es también disfrutar de la actividad y también del resultado; así, cuando percibas tu pago, será doblemente gratificante.

 Cada trabajo necesita como mínimo a dos personas: una que trabaja y una que paga, ese es el equipo mínimo e indispensable para llevar a cabo cualquier actividad. Cultivemos y profesemos la hermosa y valiosa cultura del trabajo.

Se estuvo tan cerca...

   Se terminó otra ilusión; otra Copa Libertadores que se niega a dar una vuelta olímpica en el Cilindro de Avellaneda. En el pueblo racingu...